lunes, 14 de septiembre de 2009

San Pío de Pietrelcina


Para amar la Santa Misa tenemos que tener una idea grande y santa del Sacrifico de Jesús. En nuestro estado actual de cosas es triste decir que muchos salen de la Misa igual que entraron, algunos peores, la mayoría de las veces es oficiada con un descuido, y una falta de reverencia a la que casi todos nos hemos acostumbrado; pero otras veces salimos con un mal sabor del espectaculo lamentablemente mundano que allí se ha desplegado. Todos, si excepción hemos sido testigos de ésto. Y en más de una ocasión. Y he aquí que viene al rescate el santo de nuestros días, San Pío de Pietrelcina, quien explica, y penetra, en el misterio de la Misa. El misterio del único y definitivo Sacrificio de Jesús, que se actualiza en el acto de la remembranza del sacrificio de la cruz. Este escrito está tomado de Stat Veritas, una muy excelente website, donde nuestro santo P. Pío, nos hace esperar más, desear más, y pedir más, pues que nos morimos de hambre por falta del alimento sólido de que hemos sido privados, ya hace 40 años...


El Padre Pío y la Misa


En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pio»: «Así habló el Padre Pio» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimatur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia. En este presente trabajo sacamos algunos pasajes en los que el Padre Pío hablaba de la Santa Misa:


Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?


Sí, porque con él regenera el mundo.


¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?


Una gloria infinita.


¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?


Compadecernos y amar.


Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?


Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.


Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?


No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.


Padre, ¿qué es su Misa?


Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo -decía llorando.


¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?


Todo el Calvario.


Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.


Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una criatura humana. Y esto, a pesar de cada una de mis faltas y por su sola bondad.


Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?


No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.


¿El Señor le considera a Vd. como un pecador?


No lo sé, pero me temo que así es.


Yo lo he visto temblar a Vd. cuando sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo que tiene que sufrir?


No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.


¿En qué momento de la Misa sufre Vd. más?


En la Consagración y en la Comunión.


Padre, esta mañana en la Misa, al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura, sus ojos se llenaron de lágrimas.


¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!



¿Por qué, al leer el Evangelio, lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre»...?


Llora conmigo de ternura.


Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el Evangelio en la Misa?


Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus criaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan con su ingratitud e incredulidad.


Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio cruento?


¡Hereje!



Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd. a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?


Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.


¿Quien le limpia la sangre durante la Santa Misa?


Nadie.



Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio?


¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.


Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de ruido.


Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos, blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.


¿No le distraen los ruidos?


Para nada.


Padre, ¿por qué sufre tanto en la Consagración?


No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).


Padre, ¡dígamelo! ¿Por qué sufre tanto en la Consagración?


Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción y creación.


Padre, ¿por qué llora en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también porque quiero repetirlas con Vd.


Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas pobres lagrimitas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este grandioso misterio?


Padre, ¿sufre Vd. durante la Misa la amargura de la hiel?


Sí, muy a menudo...


Padre, ¿cómo puede estarse de pie en el Altar?


Como estaba Jesús en la Cruz.


En el Altar, ¿está Vd. clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?


¿Y aún me lo preguntas?


¿Como se halla Vd.?


Como Jesús en el Calvario.


Padre, los verdugos acostaron la Cruz de Jesús para hundirle los clavos?


Evidentemente.



¿A Vd. también se los clavan?


¡Y de qué manera!




¿También acuestan la Cruz para Vd.?


Sí, pero no hay que tener miedo.


Padre, durante la Misa, ¿dice Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?


Sí, indignamente, pero también yo las digo.


Y ¿a quién le dice: «Mujer, he aquí a tu hijo»?


Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.



¿Sufre Vd. la sed y el abandono de Jesús?


Sí.


¿En qué momento?


Después de la Consagración.


¿Hasta qué momento?


Suele ser hasta la Comunión.


Vd. ha dicho que le avergüenza decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé». ¿Por qué?


Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en comparación del de Jesús.


¿Ante quién siente vergüenza?


Ante Dios y mi conciencia.



Los Angeles del Señor ¿lo reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.?


Pues... no lo siento.


Si el consuelo no llega hasta su alma durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono total, nuestra presencia no sirve de nada.


La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizante?


¿Qué es la sagrada Comunión?


Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente.


Cuando viene Jesús, ¿visita solamente el alma?


El ser entero.


¿Sufre Vd. también en la Comunión?


Es el punto culminante.


Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?


Sí, pero son sufrimientos de amor.



¿A quién se dirigió la última mirada de Jesús agonizante?


A su Madre.


Y Vd., ¿a quién mira?


A mis hermanos de exilio.


Padre, ¿por qué llora Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan: «Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad»?


¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne, han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?


¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?


¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?


¿Y los ángeles?


En multitudes.


¿Qué hacen?


Adoran y aman.


Padre, ¿quién está más cerca de su Altar?


Todo el Paraíso.


¿Le gustaría decir más de una Misa cada día?


Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.


Me ha dicho que Vd. trae consigo su propio Altar...


Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús» (Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2, 19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).


La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor. Su rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas. Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:


Padre, quiero hacerle una pregunta.


Dime, hijo.


Padre, quisiera preguntarle qué es la Misa.


¿Por qué me preguntas eso?


Para oírla mejor, Padre.


Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.


Pues eso es lo que quiero saber, Padre.


Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua agonía.



Tradición Católica de noviembre de 1998



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