viernes, 18 de septiembre de 2009

Dichos de San Juan María Vianney (IV)

“El corazón de Dios es un océano de misericordia. ¡Es tan fácil salvarse!”.
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“Si supiésemos cuánto nos ama el Señor, moriríamos de gozo”.
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“Amar a Dios y sabernos amados por El, es la única felicidad verdadera que tenemos en esta tierra”.
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“Es hermoso tener un Padre en el cielo. Somos los hijos de Dios”.
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“Vale más una hora de paciencia que muchos días de ayuno”.
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“Los amigos de Dios hacen lo que no están obligados a hacer”.
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“El sacerdote no será bien comprendido más que en el cielo. Si se lo entendiese en la tierra, uno no se moriría de espanto, pero sí de amor”.
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“¡El sacerdote tiene que estar siempre envuelto por el Espíritu Santo como lo está en su vestimenta!”.
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“Es tremendo ser sacerdote. Confesión, sacramentos: son una pesada responsabilidad. Si se supiese lo que es ser sacerdote, ¡se huiría al desierto, como lo hicieron los santos para no serlo! Pero gracias al Espíritu Santo podemos hacer cosas inimaginables para la gloria de Dios”.
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“Un verdadero cristiano nunca se queja de nada”.
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“Cosa extraña: he encontrado a muchos que se arrepintieron de no haber amado a Dios, pero no he encontrado jamás a uno solo que estuviese triste y arrepentido de amarlo”.
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“El tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro”.
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“Hermanos míos, es una gran miseria, una profunda humillación para nosotros, el haber sido concebidos en pecado original, ya que por él vinimos al mundo como hijos de maldición; es, indudablemente, otra muy gran miseria vivir en pecado. Mas el colmo de todas las desdichas es morir en él”.
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Fuente: El Cura de Ars, Sufrir amando no es sufrir.

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