martes, 24 de noviembre de 2009

La Unción de los Enfermos


Es un sacramento de enfermos; la enfermedad ha de entenderse como física, pero no hay que olvidar que el mal físico es una cuestión del hombre entero ante Dios. El sacramento es dirigido al cristiano que sufre una enfermedad seria y que está ante Dios su Señor y Salvador, para este momento instituyó Cristo la Unción de los enfermos.

Su finalidad es ayudar al enfermo a vivir cristianamente su período difícil.



  • El sacramento produce el consuelo y la fortaleza del enfermo ante su enfermedad.

  • Confiere el perdón de los pecados, en el caso de que no tenga conciencia de ellos, en caso contrario debe confesarse.

  • Une sus sufrimientos a la pasión de Cristo, convirtiendo su mal físico en un bien redentor.

Institución:


Mc. 6,7
Mc 6,13
Santiago 5, 14.


Efectos del sacramento de la Unción:



  • Un don particular del Espíritu Santo. La primera gracia es de consuelo, paz y ánimo para vencer las dificultades propias de la enfermedad o la fragilidad de la vejez. Es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, como el desaliento y la desesperación.

  • El perdón de los pecados. Se requiere además el arrepentimiento y confesión de la persona que recibe el sacramento.

  • La unión a la Pasión de Cristo. Se recibe la fuerza y el don para unirse con Cristo en su Pasión y alcanzar los frutos redentores del Salvador.

  • Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose libremente a la Pasión y Muerte de Jesús, contribuyen al bien del Pueblo de Dios y a su santificación.

  • Una preparación para el paso a la vida eterna. Este sacramento acaba por conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo como el bautismo había comenzado a hacerlo. La Unción del Bautismo sella en nosotros la vida nueva, la de la Confirmación nos fortalece para el combate de la vida. Esta última unción, ofrece un escudo para defenderse de los últimos combates y entrar en la Casa del Padre. Se ofrece a los que están próximos a morir, junto con la Eucaristía como un "viático" para el último viaje del hombre.

"¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5, 14-15).

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