jueves, 8 de octubre de 2009

Nociones acerca de la Santa Misa


La Santa Misa. -Jesucristo es el supremo don del amor de Dios al hombre, y la Misa la renovación y continuación de aquel acto de caridad infinita con que Jesús, Dios y Hombre, se inmoló en la cruz para la rendención del hombre a la justicia y misericordia del Eterno Padre. El sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz. En ambos es el mismo el Sacerdote y la ofrenda; solamente hay diferencia en el modo de ofrecer el sacrificio.

En la Santa Misa, el Sacerdote principal y verdadero es Jesucristo en persona, que se ofrece y sacrifica al Eterno Padre. El Sacerdote que ves en el altar, que toma en sus manos el pan y el cáliz con el vino, es un ministro, representante e instrumento, que presta sus manos y boca a Cristo. La víctima que se inmola es Jesucristo, que en el Calvario derramó real y cruentamente su sangre por nuestra redención, y en el altar nos la aplica.

Principal oferente en la Misa es Jesucristo; ministro secundario es el Sacerdote. Pero no sólo él, sino con él, y por medio de él, todos los asistentes, que en cierto modo hacen el oficio de sacerdotes, y por lo mismo, deben tomar parte activa en ella.


Sus fines y frutos. -Siendo la Santa Misa el mismo sacrificio de la Cruz, es de un valor y de una excelencia infinitos.

Por medio de la Misa damos a Dios un honor infinito, mucho mayor que si se le ofrecieran las vidas de todos los hombres y de todos los Ángeles. Por ello le damos una satisfacción completa por todos los pecados de los hombres, y en particular de los asistentes, a quienes se aplica la misma divina sangre con que en el Calvario fue redimido el género humano. Con ello damos gracias a Dios dignamente por todos los beneficios que nos ha hecho. Finalmente, por medio de la Misa podemos alcanzar todas las gracias y favores que deseemos para nosotros y para los demás. Son los cuatro fines por los cuales se ofrece el sacrificio de la Misa, que por ellos se dice ser un sacrificio latréutico, propiciatorio, eucarístico e impetratorio.

Su eficacia proviene de que quien en la Misa adora a Dios, le da gracias, le desagravia e intercede por nosotros es el mismo Jesucristo. Es una plegaria divina la del que oye devotamente la Misa, pues con la suya va unida la plegaria del mismo Jesucristo. Por eso decía San Francisco de Sales que el santo sacrificio de la Misa es el sol de los ejércitos espirituales, el corazón de la devoción, el alma de la piedad y el centro de la religión.


Su liturgia. -El santo sacrificio de la Misa representa y renueva el del Calvario, pero de una manera mística e incruenta; y así lo hace conforme al rito con que Nuestro Señor celebró la última Cena al instituir la Eucaristía, que es, a la vez, sacramento y sacrificio. Las tres acciones principales, que de Jesucristo nos refiere el Evangelio, que "tomó en sus santas manos el pan y el cáliz, los bendijo, los partió y distribuyó entre los discípulos", son las que renueva el Sacerdote en la Misa; las cuales, ampliadas y desarrolladas con fórmulas apropiadas y con ceremonias simbólicas y santas forman las tres partes principales de la Misa: el Ofertorio, la Consagración y la Comunión. A ellas, desde tiempos antiquísimos, se añadieron otras, ya como preparación del sacrificio, ya como conclusión del mismo. Todo este conjunto admirable de fórmulas, lecturas, oraciones, ceremonias y ritos constituye la actual liturgia de la Misa, la que, asistida por el Espíritu Santo, emplea la Iglesia en la celebración de los divinos misterios. Con ella habla a la vez a la inteligencia, al corazón y a los sentidos de los fieles, adoctrinándolos, excitando su piedad y moviendo su voluntad a la adoración y amor a Dios y a la observancia de su ley santa.


Sus partes. -En la Misa pueden distinguirse éstas:


I. PREPARACIÓN, que comprende las preces que el Sacerdote dice en la sacristía y al pie del altar hasta el Introito, y tienen por objetivo disponer los ánimos del celebrante y de los asistentes para el sacrificio.

II. MISA DE LOS CATECÚMENOS, desde el Introito hasta el Credo, compuesta de un doble rito: 1º Desprecatorio, integrado por varias preces que disponen el corazón y hacen a Dios propicio; 2º Catequístico, desde la Epístola al Credo, o sea lecturas e instrucciones que disponen la inteligencia. El Credo, acto de fe a esta instrucción dada por Dios, abre la puerta del sacrificio, o sea, de la:

III. MISA DE LOS FIELES, la cual a su vez comprende tres secciones principales: 1ª Ofertorio, o preparación inmediata de la materia del sacrificio; 2ª Consagración, o realización del sacrificio; 3ª Comunión, o sea, consumación del sacrificio, con la acción de gracias.

IV. CONCLUSIÓN. Comprende las preces finales, con que se despide a la asamblea y se da gracias a Dios.


Sus elementos. -Estas partes se constituyen inmediatamente de ceremonias y fórmulas litúrgicas, o sea, oraciones, versículos, lecturas, etc...que forman el Introito, la Colecta, Epístola, Gradual, etc...como los trae el Ordinario de la Misa.

Atendiendo a estos elementos, las partes de la Misa son variables e invariables. Las invariables contienen todas en el Ordinario, y son aquellas que cuando se rezan se dicen siempre las mismas. Las variables varían o son distintas según fuere la Misa que se dice; y ellas, a su vez, son propias y peculiares de cada Misa, que se hallan en el propio del Misal Romano, o comunes, que conforme a la calidad de la Misa, han de tomarse de uno u otro Común.

Las partes variables son las siguientes: Introito, Oración, Epístola, Gradual, Tracto, Aleluya, Evangelio, Ofertorio, Secreta, Prefacio, Comunión y Poscomunión.


Clases de Misas. -Aunque en el fondo la Misa es siempre la misma, y esencialmente siempre es suma su excelencia, dignidad y eficacia, con todo, atendiendo a diversas consideraciones, son varias sus clases. Así, por la solemnidad externa con que se celebra la Misa, es rezada o privada, cantada y solemne; ésta última con Ministros sagrados, incensación y canto; la cantada, con canto, pero sin Ministros sagrados e incensación.

Por el objeto de que se dice, la Misa es del día cuando se celebra del Oficio rezado en el día, o sea del Señor, de la Virgen, de Santo, de domínica o de feria; o votiva, cuando no se dice del Oficio del día, sino a devoción del Sacerdote o por petición y voto de los fieles; o de Requiem, cuando se celebra por los difuntos, con ornamentos negros.


Prelación de las Misas. -Es principio general que cuando en un mismo día coinciden dos fiestas distintas, prevalece la Misa del Oficio, que litúrgicamente es más principal y noble. De dicha fiesta prevalente se celebra la Misa del día, y la otra se traslada a otro día, o de ella se hace conmemoración en la del día, según determinan las rúbricas para cada caso. Gozan de esta preferencia litúrgica sobre todas las demás, las fiestas de primera clase primarias de la Iglesia universal.

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