
viernes, 25 de diciembre de 2009
Feliz Navidad

martes, 8 de diciembre de 2009
Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

miércoles, 2 de diciembre de 2009
Adviento 2009
sábado, 28 de noviembre de 2009
Los frutos del Ecumenismo

La Iglesia ortodoxa rusa, con el nombramiento del sucesor de Alejo II ocurrido el 28 de enero de 2009, ha entrado en una nueva fase de las relaciones entre Moscú y el Vaticano. Esta entrevista, que constituirá el prefacio al libro “La Santa Russia”, revela como parecen decididamente superados los tiempos no tan lejanos de los acercamientos, tímidos y afectados por demasiadas sospechas, de Alejo II y Juan Pablo II. Además, después de las primeras señales que parecían testimoniar una posible aceleración en el proceso de reacercamiento entre las dos mayores iglesias cristianas separadas, el mismo Patriarca Kirill no vaciló en testimoniar la solidaridad con Roma por la sentencia de la Corte de Estrasburgo que condena la exposición de los símbolos religiosos. Debe recordarse, además, que el Papa Benedicto XVI, después de su nombramiento, había saludado al nuevo patriarca Kirill I (en el siglo, Vladimir Gundjaev, nacido en 1946 en Leningrado) asegurándole la “buena voluntad fraterna” en la común “esperanza inquebrantable que tenemos en Jesucristo”.
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¿Se puede afirmar que la Iglesia ortodoxa ha reconquistado el rol que tenía en la Rusia de los zares?
Sería más exacto decir que la actual situación de la Iglesia rusa no tiene precedentes ya que en toda su historia milenaria no podemos encontrar una analogía completa y absoluta. Es conocido que la Rus’ medieval se veía a sí misma como la “tercera Roma”, llamada a preservar la verdad de la ortodoxia después de que la “segunda Roma”, es decir el Imperio bizantino, había caido bajo los golpes de los cruzados y de las milicias del Islam. En aquel período del Medioevo ortodoxo ruso, el modelo natural de una disposición que armonizara las relaciones entre estado e iglesia fue reconocido en la “sinfonía” bizantina de los dos elementos, el principio secular y el espiritual. Esto no impedía que, entre los jefes espirituales y los seculares, surgiesen periódicamente disputas sobre la cuestión del primado, de que cosa fuera en definitiva más elevado a los ojos de Dios: el sacerdocio o el poder soberano.
De diatribas ideológicas de esta naturaleza derivaron algunas veces consecuencias dramáticas para éste o aquel exponente eclesiástico. Sin embargo, el reino moscovita continuó por mucho tiempo representando la única potencia ortodoxa en Europa mientras la Iglesia rusa encarnaba a los ojos del poder y del pueblo un organismo espiritual fuerte, autónomo y autorizado.
El equilibro en las relaciones entre estado e iglesia, así como estaba históricamente constituido, fue alterado bruscamente en 1721 por la reforma del zar Pedro I que abolió el patriarcado, en cuanto símbolo evidente, con su sola existencia, de la no subordinación de la Iglesia a los antojos de los gobernantes terrenos. De hecho, la Iglesia se convertía en un elemento de la máquina estatal.
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Luego llegó la Revolución de octubre…
Este estado de las cosas se mantuvo, con modificaciones irrelevantes, hasta el 18 de noviembre de 1917, cuando en el fragor de la artillería bolchevique que bombardeaba el Kremlin de Moscú, después de un intervalo de dos siglos fue libremente elegido el Patriarca de todas las Rusias Tichon, hoy en el número de los santos. Con la llegada al poder de los bolcheviques, que han sacado de la arena histórica tanto la monarquía como la idea republicana revelada efímera, la Iglesia rusa ha bebido hasta la última gota el cáliz del martirio, que ha superado con creces todo lo que sabemos de las persecuciones a los cristianos bajo Tiberio y Nerón. En esta época feroz, una enorme multitud de sacerdotes y de laicos ortodoxos ha testimoniado la fe en Cristo hasta dar la vida.
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¿Y actualmente?
Actualmente, la situación de las relaciones entre estado e iglesia puede ser definida casi óptima. Tales relaciones se apoyan en el firme fundamento del respeto mutuo, del reconocimiento de las respectivas esferas de responsabilidad, de la recíproca no injerencia en las prerrogativas naturales. No sólo en la Federación Rusa sino también en Bielorrusia, Ucrania, Moldavia y en los otros países de la Comunidad de los estados independientes y del Báltico, la Iglesia está separada del estado; esto no implica, de hecho, un rechazo a colaborar en el interés del pueblo, que para la gran mayoría está unido a la ortodoxia.
En la Rusia actual no son pocos los problemas sociales dolorosamente abiertos; su valoración encuentra concordes a iglesia y estado, y ambas partes trabajan en acuerdo para resolver los apremiantes problemas de la vida cotidiana del pueblo. De esto no deriva una estatización de la Iglesia o una “clericalización” del estado. En la nueva Rusia la gran mayoría de la población forma parte de la Iglesia ortodoxa rusa, la cual representa una porción significativa, respetada e influyente de la sociedad civil.
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Después de la caída del comunismo, ¿cómo ha cambiado la actitud de los creyentes hacia la religión?
En 1988, cuando festejamos el milenario del Bautismo de la Rus’, con sorpresa y espanto de los funcionarios soviéticos, la celebración de tipo histórico y oficial concebida por ellos desembocó en una manifestación libre, poderosa y sugestiva de la devoción del pueblo ruso a la religión de los padres, de la unión vital de todos a la herencia espiritual de la patria.
El período sucesivo de dos décadas ha sido para la Iglesia rusa el tiempo para recoger y consolidar las propias fuerzas interiores, retomando el lugar que legítimamente le correspondía en la vida del pueblo y de la sociedad. Cuando en los años ’90 se abrieron las perspectivas de un desarrollo libre de impedimentos, nuestra Iglesia se dedicó, con el apoyo de la sociedad, a restaurar las iglesias destruidas y profanadas, a erigir otras nuevas, a reorganizar la vida de las parroquias, a abrir monasterios, escuelas dominicales, seminarios y academias teológicas. Actualmente los expertos concuerdan en estimar que entre el 70 y el 80 por ciento de la población de Rusia declara el propio apego a la ortodoxia. Sin embargo, ciertamente no se puede decir que todos son creyentes practicantes. Estoy convencido de que la tarea más importante de la Iglesia actualmente es precisamente hacer que los que sólo son cristianos de nombre, lo sean de hecho, realmente.
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¿También los jóvenes?
Otro tema de la preocupación pastoral es la juventud, que hoy está sometida a la despiadada tentación de los falsos ideales del consumismo, del egoísmo social, de la realización del propio éxito a cualquier precio. Los jóvenes de Rusia son el futuro del país. Son ellos quienes tienen necesidad de recibir y hacer propio, como natural, el ideal de la vida cristiana, y de reconocer la motivación cristiana para cada opción que les espera como la mejor entre muchas posibilidades. Además de esto, la Iglesia ortodoxa presta la máxima atención y prodiga todo el compromiso posible en la esfera social, ocupándose de la asistencia a niños abandonados, ancianos, enfermos e indigentes, de la rehabilitación espiritual de quien quiere liberarse de la droga y el alcohol, de la ayuda a aquellos que conviven con el sida. Finalmente, nuestra preocupación constante es la tutela de la unidad de la Iglesia ya que en ella vemos la prenda de la unidad de nuestro pueblo.
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El Papa Benedicto XVI dedica una atención particular a las relaciones entre Moscú y el Vaticano. ¿Puede pensarse, en un futuro inmediato, en una visita del Papa a Rusia?
Nuestras iglesias pueden trabajar juntas en muchos campos y enfrentar unidas la ideología del consumismo y del rechazo de los valores morales cristianos difundido en la sociedad contemporánea. Nuestras posiciones también coinciden en el ámbito de la defensa de la moralidad y de los valores tradicionales en el mundo moderno. Al mismo tiempo, no podemos ignorar los problemas que permanecen en las relaciones entre la Iglesia católica y la ortodoxa.
Respecto a la posibilidad de una visita del Papa a Rusia, hablaría más bien de la posibilidad de un encuentro entre el Papa de Roma y el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias. La dirección eclesial de la Iglesia ortodoxa rusa nunca ha excluido la posibilidad de un encuentro así, preparado adecuadamente. La preparación presupone que sean resueltos los problemas que todavía hay entre las dos iglesias. En primer lugar, los ligados a la actitud de los greco-católicos de Ucrania respecto a la presencia del patriarcado de Moscú en este país. Esperamos que a las declaraciones de la parte católica de querer propiciar el allanamiento de las situaciones, le seguirán los resultados.
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Actualmente la humanidad se encuentra frente a terribles pruebas: desde la crisis global hasta el incremento del flagelo del hambre. ¿Qué es necesario hacer para unir las fuerzas de los cristianos y afrontar estos problemas?
Un día, cuando era adolescente, pregunté a mi padre, párroco en una iglesia de Leningrado: “¿Por qué en nuestro país la gente vive tan mal?” Pareció incluso sorprendido de que no hubiera llegado solo [a la respuesta] y respondió, a su vez, preguntándome: “¿Cómo podrían, según tú, vivir de otra manera personas que han rechazado a Dios o lo han borrado del propio corazón?”.
Es mi convicción que todos los males, las crisis aparentemente sin solución del mundo, tienen como causa profunda el deterioramiento de la naturaleza espiritual de la humanidad. No sólo: estas desgracias que afligen a los hombres están destinadas a agravarse a medida que ellos se alejen de la verdad constituida por Dios. Y los remedios paliativos de tipo económico, político, social, no ayudarán al género humano a salir de este círculo vicioso.
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¿Cuáles son, actualmente, los mayores enemigos del Cristianismo?
Uno de los desafíos más grandes al futuro de la humanidad es el diktat del agresivo secularismo neoliberal, que considera que su concepción del mundo es la única con derecho de ciudadanía. Entre otras cosas, esta ideología trastorna irreparablemente el modo de vivir del hombre así como Dios lo ha pensado porque busca introducir en la vida de todos los venenosos principios del relativismo moral, del hedonismo egocéntrico, del más burdo consumismo, del permisivismo moral, de la negación del pecado. De este modo, se realiza la descristianización de nuestra cultura. Al mismo tiempo, se está llevando a cabo un proceso de marginación del rol de la religión en la vida de la sociedad, ya que los ideales éticos y espirituales constituyen una piedra de tropiezo en el camino del triunfo ideológico del secularismo neoliberal.
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¿Cuál es la respuesta de la religión?
La respuesta religiosa a este desafío puede ser de tres tipos: radical, y es el caso de una parte de los seguidores más agresivos del Islam; liberal, como significativos sectores de las comunidades protestantes, los cuales admiten los matrimonios entre homosexuales, el aborto y la eutanasia; finalmente, la respuesta puede ser la de las iglesias que se inspiran en la tradición cristiana, y es la respuesta de quien quiere defender la pureza de las verdades enseñadas por el Salvador sobre la vida y el hombre. La Iglesia ortodoxa y la católica están separadas por contrastes doctrinales y eclesiológicos pero, más allá de esto, hay algo que hace aliados estratégicos a los ortodoxos y católicos. De su comprensión recíproca, del éxito de las acciones a emprender juntos, depende el futuro no sólo de Europa sino, tal vez, del mundo entero.
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Fuente: Papa Ratzinger Blog
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo
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miércoles, 25 de noviembre de 2009
De espaldas a la Belleza

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A thing of beauty is a joy foreverIts loveliness increases;It will never pass into nothingness. John Keats
El presidente John Adams, en una carta a su esposa Abigail, le contó sobre una visita a una “capilla romanista”: “La música consistía de un órgano y un coro de cantores; duró toda la tarde, excepto durante el sermón, y la asamblea cantaba muy dulce y exquisitamente. Aquí está todo lo que los ojos, los oídos y la imaginación pueden alcanzar. Todo lo que puede encantar y cautivar al simple y al rudo. Me pregunto cómo hizo Lutero para romper el hechizo”.
Santa Teresa de Ávila declaraba: “Siempre me conmueve la grandeza de las ceremonias de la Iglesia”. El amor a la belleza y su expresión en la obra de arte no son en sí mismos belleza, pero tal expresión es homenaje a Dios porque, según Santo Tomás de Aquino, “Belleza es uno de los nombres de Dios”. Así la Iglesia, cuando es convocada para celebrar los Divinos Misterios, utiliza todas las artes que apelan a los sentidos, porque lo bello es “id quod visum placet”, ‘visión de lo que’ al ser contemplado es agradable. La sobriedad del canto, el esplendor de los instrumentos, lo festivo de los ornamentos, la pompa del incienso, las velas, los vasos sagrados, el agua bendita – todo esto nos ayuda en nuestro culto al Dios Trino que creó la belleza, sostiene la belleza, redimió la belleza, y es Él la Belleza misma.
Tradicionalmente, la Iglesia ha revestido de misterio al Santo Sacrificio de la Misa. Haciendo uso de los bienes de la creación, la Iglesia, en su trascendencia, guía a sus hijos hacia Dios; y Dios, por los mismos medios, desciende hacia ellos. A veces, la Iglesia olvida esto. El Papa Benedicto XVI (como Cardenal Ratzinger) lamentaba: “Desde el Concilio Vaticano [Segundo], la Iglesia ha dado la espalda a la belleza”. Hace apenas algunos años, el Consejo Pontificio para la Cultura en Roma hizo esta petición: “¡devuelvan la belleza a los edificios eclesiásticos, devuelvan la belleza a los objetos litúrgicos!”. La Iglesia no sólo ha dado la espalda a la belleza, parece estar avergonzada de la misma. La Iglesia, que un tiempo fue la patrocinadora de las artes.
Nos hemos empobrecido. Usando una frase de Paul Claudel, “vivimos en una era privada de imaginación”. Según el filósofo Plotino, “el alma debe subir la escalera de lo bello antes de que pueda encontrar la visión de la Belleza Primera”. Pero, ¿qué sucede cuando se quitan los peldaños de la escalera?
Los científicos afirman que la mitad izquierda del cerebro se especializa en las matemáticas, el análisis, la ciencia y cosas por estilo. Es la parte derecha del cerebro la que es incurablemente romántica; su competencia es la poesía, el amor, el arte, la música. Es la parte derecha del cerebro la que es puesta en juego por una forma elevada de Liturgia. Un autor ha dicho: “durante una Misa vernácula más des-ritualizada, la parte derecha del cerebro, ese Homero o Shakespeare en miniatura que todos tenemos, es asfixiado a muerte”.
H.L. Menken, que escribía para un periódico de Baltimore y no era amigo de religión alguna, se encontró a sí mismo admirando a la Iglesia Católica, como dijo en 1923: “La Iglesia latina, a la que constantemente me encuentro admirando, a pesar de sus frecuentes imbecilidades pasmosas, ha conservado siempre claramente ante sí misma, el hecho de que la religión no es un silogismo sino un poema… Roma, por cierto, no sólo ha preservado la poesía original de la cristiandad; también ha hecho adiciones capitales a esa poesía – por ejemplo, la poesía de los santos, de María, de la liturgia misma”. “Una Misa Solemne”, concluía, “debe ser mil veces más impactante que el sermón más poderoso que se haya proclamado bajo el cielo… a la vista de tal irresistible belleza, no es necesario cansar a los fieles con lógica; se los convence mejor dejándolos en paz”.
Escuchemos a los enemigos de la Iglesia. Tiemblan ante cada movimiento del incienso y ante cada una de las genuflexiones. En 1888, un adventista del séptimo día publicó un libro sobre la Prostituta de Babilonia. Cuando el juez Clarence Thomas fue nombrado para la Corte Suprema, el libro fue reeditado. El autor habla también sobre el culto litúrgico… recuerden que esto pertenece al siglo XIX: “Muchos protestantes suponen que la religión católica no es atrayente, y que el culto es una ceremonia aburrida y sin sentido. En esto se equivocan. Aunque el romanismo se basa en el engaño, no es una impostura burda y tosca. El servicio religioso de la Iglesia Romana es un ceremonial muy impresionante. Su magnífico despliegue y sus ritos solemnes fascinan los sentidos del pueblo y silencian la voz de la razón y la conciencia. El ojo se ve encantado. Las magníficas iglesias, las procesiones imponentes, los altares dorados, los santuarios adornados, las pinturas selectas, y la exquisita escultura llaman al amor de la belleza. El oído también es cautivado. La música no tiene igual. Las suntuosas notas del órgano en tono profundo, combinadas con la melodía de muchas voces que recorren las nobles cúpulas y las naves de sus grandiosas catedrales, no pueden dejar de impactar la mente con sobrecogimiento y reverencia. La pompa y ceremonia del culto católico tiene el poder seductor, fascinador, por el cual muchos son engañados; y se acercan a contemplar la Iglesia Romana como la misma puerta del Cielo”.
Fue de esta manera que muchos corazones endurecidos para con la Iglesia se derritieron; como en el caso de los “decadentes” – Baudelaire, Verlaine, Aubrey, Oscar Wilde y otros. La belleza puede entonces ser adecuadamente llamada evangélica, belleza evangélica, via pulchritudinis; puede abrir la senda para la búsqueda de Dios y “disponer los corazones y los espíritus para el encuentro con Cristo que es la Belleza de la Santidad Encarnada ofrecida por Dios a los hombres para su salvación”.
Según Santo Tomás de Aquino, para que algo sea considerado bello debe tener tres cualidades: integridad, armonía, claridad o resplandor. Cuando brota el resplandor, y las enseñanzas de la Iglesia se hacen manifiestas, la Iglesia Católica es reconocida como el lugar donde habita la verdad y el hogar de la belleza. Éste fue el caso con los “decadentes”. Hans Urs Von Balthasar ha escrito que cuando “el bien haya perdido su poder de atracción, cuando las pruebas hayan perdido su carácter conclusivo, entonces, será la belleza la que impere”.
El Papa Benedicto XVI, hablando de la visita de los delegados del Príncipe Vladimir de Kiev a Constantinopla, afirmó que la delegación y el príncipe aceptaron la verdad de la cristiandad no por lo convincente de sus argumentaciones teológicas sino por la belleza del misterio de sus liturgias.
El poeta Baudelaire escribió: “Es al mismo tiempo por medio de la poesía y a través de la poesía, por medio de la música y a través de la música, que el alma vislumbra el esplendor situado más allá de la tumba; y cuando un poema exquisito trae lágrimas a los ojos, esta lágrimas no son prueba de un gozo excesivo. Son testimonio de una melancolía irritada, una demanda de los nervios, de una naturaleza exiliada en lo imperfecto y que ahora desea tomar posesión de su mundo”.
Baudelaire fue influenciado significativamente en su idea de la belleza por un escritor norteamericano que él admiraba mucho, Edgar Allan Poe. Acerca de la belleza, Poe declara: “Tenemos aún una sed no saciada, la sed que pertenece a la inmortalidad del hombre. Es a la vez una consecuencia y una indicación de esta naturaleza perenne. Es el deseo de la palomilla por las estrellas. No es la mera apreciación de la belleza que tenemos delante, sino el velado esfuerzo por alcanzar la belleza que está más allá”.
¿Por qué, entonces, tiene que ser bella la Liturgia? Porque la belleza provee un vehículo para trascender nuestras vidas presentes y tocar los bordes del cielo. Cuando encontramos belleza finita, se engendra una añoranza más apasionada por la belleza absoluta e inmortal de la que la belleza temporal no es más que una efímera epifanía.
En la Epístola a los Hebreos, Cristo es llamado el “leiturgos”, el Liturgista que preside todos los rituales, Quien ofrece la Liturgia. Dado que Cristo es el “leiturgos” y Cristo es la Belleza Encarnada, toda belleza debe reflejarlo a Él, y toda belleza debe manar de Él en la Liturgia.
Cristo, la Palabra hecha Carne, es la más grande obra maestra. Cristo es la más perfecta sinfonía. Cristo es la pintura más encantadora. Cristo es el ritmo cósmico en el poema eterno.
San Juan de la Cruz decía: “Dios pasa a través de los matorrales del mundo, y dondequiera que cae Su mirada, transforma en belleza todas las cosas”.
San Pablo escribió a Timoteo: “Él es el Rey de reyes y el Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible”. Y así y todo, en la Divina Liturgia de la Misa nos atrevemos a acercarnos a Él que vive en una luz inaccesible.
¿Cómo puedo describir la Liturgia? Puedo describirla con una palabra. En las cortes celestiales, entre los coros celestiales, no se habla sino una palabra, una sola palabra que los querubines y los serafines pronuncian ante la majestad de la liturgia cósmica del Cordero glorificado que estuvo muerto pero ahora ha resucitado, y esa palabra es…
Esa simple palabra es…
Esa gloriosa, triunfante palabra es…
Ahhh!!!
martes, 24 de noviembre de 2009
La Unción de los Enfermos

- El sacramento produce el consuelo y la fortaleza del enfermo ante su enfermedad.
- Confiere el perdón de los pecados, en el caso de que no tenga conciencia de ellos, en caso contrario debe confesarse.
- Une sus sufrimientos a la pasión de Cristo, convirtiendo su mal físico en un bien redentor.
Institución:
Mc. 6,7
Mc 6,13
Santiago 5, 14.
Efectos del sacramento de la Unción:
- Un don particular del Espíritu Santo. La primera gracia es de consuelo, paz y ánimo para vencer las dificultades propias de la enfermedad o la fragilidad de la vejez. Es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, como el desaliento y la desesperación.
- El perdón de los pecados. Se requiere además el arrepentimiento y confesión de la persona que recibe el sacramento.
- La unión a la Pasión de Cristo. Se recibe la fuerza y el don para unirse con Cristo en su Pasión y alcanzar los frutos redentores del Salvador.
- Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose libremente a la Pasión y Muerte de Jesús, contribuyen al bien del Pueblo de Dios y a su santificación.
- Una preparación para el paso a la vida eterna. Este sacramento acaba por conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo como el bautismo había comenzado a hacerlo. La Unción del Bautismo sella en nosotros la vida nueva, la de la Confirmación nos fortalece para el combate de la vida. Esta última unción, ofrece un escudo para defenderse de los últimos combates y entrar en la Casa del Padre. Se ofrece a los que están próximos a morir, junto con la Eucaristía como un "viático" para el último viaje del hombre.
"¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5, 14-15).
lunes, 23 de noviembre de 2009
La Penitencia

- la rutina.
- el apartamiento.
Rutina
Actos religiosos que no tocan la profundidad de la persona.
No provoca una crisis saludable de conversión interior.
Vida espiritual anquilosada
Abandono (desafección práctica)
Mas perniciosa que la rutina porque corta los canales de la vida sobrenatural.
Para que produzca saludables efectos:
- Actuación consciente de nuestra fe y de nuestro amor personal.
- El sacramento de la penitencia es un verdadero encuentro personal y vital del hombre arrepentido y renovado interiormente con Cristo perdonador.
- Confesión periódica, semanal si es posible.
- Apreciar el sacramento.
- Práctica asidua, consciente y viva, llena de fe y sencillez.
- Fuente de renovación interior y de progresiva identificación con Cristo.
El cristiano acude a él para:
- El perdón de los pecados.
- Obtener la fuerza para luchar contra infidelidades, costumbres torcidas, hábitos de rutina y dispersión, y tendencias incontroladas de concupiscencia y amor propio.
- Purificación interior.
- La firmeza de voluntad en su lucha por el Reino.
- Nuevas fuerzas para cumplir su misión.
Frutos:
- Una más íntima identificación con el espíritu y las actitudes de Cristo.
- Aumenta el conocimiento propio.
- Crece la humildad cristiana.
- Se desarraigan las malas costumbres.
- Se hace frente a la indolencia y pereza espiritual.
- Se purifica la conciencia.
- Se robustece la voluntad.
- Se lleva al cabo la saludable dirección de las conciencias.
- Aumenta la gracia en virtud del sacramento.
El que se confiesa:
- Tiene un proyecto vital que le preocupa y anhela realizar.
- Quiere volver a ocupar su puesto en la inmensa marcha de la humanidad hacia el Reino.
- Es consciente de que al pecar se ha desligado de Dios y se ha separado de los hermanos.
- Sabe que en Cristo mediador vuelve a encontrar a Dios y vuelve a unirse con sus hermanos en el Cuerpo Místico de Cristo.
Encuentra a Cristo en el sacerdote que administra los sacramentos in persona Christi.
