lunes, 9 de noviembre de 2009

El Cáliz


Es el vaso sagrado en forma de copa, donde se pone el vino que se ha de consagrar. Ha de ser metálico, tan precioso como sea posible, con pie y un nudo saliente entre éste y la copa propiamente dicha.El cáliz sirve en la Santa Misa para poner el vino y unas gotas de agua, que, después de ofrecido y mediante la consagración, se convierte en la Sangre de Nuestro Señor.Antes los cálices tenían dimensiones mayores que los actuales. Hay cálices valiosísimos, algunas verdaderas obras de arte. La copa ha de ser interiormente dorada.Todo cuanto pueda decirse de la riqueza de los cálices debe animarnos a embellecer nuestra alma en pureza y fervor para que al comulgar, Dios la encuentre pura y limpia como el cáliz. También nosotros somos, en un segundo sentido figurado, cálices vivos, y ojalá seamos menos indignos, por medio de las joyas que son las virtudes.

domingo, 8 de noviembre de 2009

El Incensario

En las Misas solemnes y en la exposición mayor del Santísimo hay que hacer uso del incienso, substancia vegetal olorosa que, al contacto con el fuego, se deshace en blanquísima y perfumada humareda, la cual se tributa como símbolo de honor y reverencia ante todo a Dios y luego al Crucifijo del altar, a las sagradas reliquias, al mismo altar, al pan y vino que han de ser consagrados, a los sagrados ministros y a los fieles en general. Las brasas de fuego están contenidas en el incensario, que es un recipiente metálico sostenido por tres cadenas, con tapa convenientemente perforada y manipulable arriba y abajo mediante una cuarta cadena. Sujetando con una mano las cadenas reunidas en su extremo superior, puede balancearse el incensario de un lado para otro a fin de que el aire atice las brasas de fuego que hay dentro; y cuando hay que servirse de él, una vez provisto del incienso que al arder sale en forma de humo, cogiendo convenientemente las cadenas con las dos manos se le puede dar la dirección que cada momento reclame.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Las vestiduras sagradas

La oración es: Pon, señor, sobre mi cabeza el yelmo de salvación para rechazar los asaltos del enemigo.Nos recuerda que hemos de defendernos de los enemigos de nuestras almas.
La oración que dice el sacerdote al ponérsela:Hazme puro, Señor, y limpia mi corazón, para que, santificado por la sangre del cordero, pueda gozar de las delicias eternas.Si el amito significaba el lienzo con que fue cubierto el rostro de Jesús, el alba significa la vestidura blanca que le hizo poner Herodes.

Espiritualmente nos recuerda, según la oración que reza el sacerdote, la necesidad de luchar contra las bajas pasiones de la carne:Cíñeme, Señor, con el cíngulo de la pureza, y apaga en mis carnes el fuego de la concupiscencia, para que more siempre en mí la virtud de la continencia y castidad.El cíngulo significa las cuerdas con que fue atado Nuestro Señor en el huerto de los Olivos.



Espiritualmente nos recuerda las buenas obras y que los trabajos y el dolor ofrecidos a Dios serán espléndidamente recompensados. La oración que el sacerdote pronuncia al ponérselo es: Merezca, Señor, llevar el manípulo del llanto y del dolor, para poder recibir con alegría el premio de mis trabajos. El manípulo significa las ataduras de las manos al ser azotado Nuestro Señor.




La Iglesia hace pedir, al imponérsela el Sacerdote, la inmortalidad, perdida por el pecado, y el premio de nuestro último y feliz destino: Devuélveme, Señor, la estola de la inmortalidad, que perdí con la prevaricación del primer padre, y aún cuando me acerque, sin ser digno, a celebrar tus sagrados misterios, haz que merezca el gozo sempiterno. La estola significa las sogas con que Nuestro Señor fue arrastrado al Calvario.



Espiritualmente, la casulla nos recuerda el suave yugo de la ley del Señor. La oración que reza el Sacerdote al revestirse de ella es: Señor, que has dicho: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”, haz que lo lleve de tal modo, que consiga tu gracia. Amén. La casulla significa el vestido de púrpura puesto a Jesús cuando le trataron en son de burla como rey.

martes, 3 de noviembre de 2009

La palmatoria


Una de las cosas necesarias al altar durante la celebración de la Santa Misa, aunque sólo sea rezada, es la palmatoria, provista de cirio –y mejor si es corto, para que no se derrame la cera-, el cual debe encenderse y mantenerse así encendida sobre el altar durante la permanencia en él de la Santísima Eucaristía, o sea: desde unos momentos antes de la Consagración hasta después de la Comunión del celebrante o también de los fieles si, como es de desear, les es distribuida en este momento de la Misa. La reverencia y compañía que la palmatoria encendida tributa al Santísimo Sacramento, debe ayudarte a reavivar y enfervorizar tu atención hacia el Santo Sacrificio durante todo el tiempo que permanece Jesús con su presencia eucarística sobre el altar.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos


Introito (4 Esdr., 2). -Concededles, Señor, el descanso eterno, y la luz perpetua los alumbre. -(Ps. 64) A Vos, ¡oh Dios! es debido un himno en Sión, y se presentarán votos en Jerusalén: oíd mi oración; a Vos vendrá toda carne. Concededles, Señor...


Oración.Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles!: conceded a las almas de vuestros siervos y siervas la remisión de todos sus pecados; a fin de que, mediante estos piadosos ruegos, obtengan la misericordia por la que siempre anhelaron: Vos que vivís y reináis.


Evangelio (Joh., 5, 25-29).


En aquel tiempo: Dijo Jesús a las turbas de los judíos: En verdad, en verdad os digo que viene el tiempo, y estamos ya en él, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y aquellos que la escucharen revivirán. Por que así como el Padre tiene en sí mismo la vida, así también ha dado al Hijo el tener la vida en sí mismo; y le ha dado la potestad de juzgar, en cuanto es Hijo de hombre. No tenéis que admiraros de esto, pues vendrá tiempo en que todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios, y saldrán los que hicieron buenas obras, a resucitar para la vida eterna; pero los que las hicieron malas resucitarán para el juicio.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Fiesta de Todos los Santos




Solemnidad celebrada el primero de Noviembre. Esta instituida en honor a todos los Santos, conocidos y desconocidos, y, según Urbano IV, para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles.




En los primeros días del Cristianismo se acostumbró a solemnizar el aniversario de la muerte de un mártir por Cristo en el lugar del martirio. En el Siglo IV, las diócesis vecinas comenzaron a intercambiar fiestas, se pasaban las reliquias, las repartían, y se unían a una fiesta en común, como esta demostrado en la invitación de San Basilio de Caesarea (397) a los obispos de la provincia de Pontus. Frecuentemente los grupos de mártires morían el mismo día, lo cual condujo naturalmente a una celebración común. En la persecución de Docletiano el numero de mártires llego a ser tan grande que no se podía separar un día para asignársele. Pero la Iglesia, sintiendo que cada mártir debería ser venerado, señalo un día en común para todos. La primera muestra de ello se remonta a Antioquia en el Domingo antes de Pentecostés. También se menciona lo de un día en común en un sermón de San Efrén el Sirio (373), y en la 74ta. Homilía de San Juan Crisóstomo (407). Al principio solo los mártires y San Juan Bautista eran honrados por un día especial. Otros santos se fueran asignando gradualmente, y se incrementó cuando el proceso regular de canonización fue establecido; aún, a principios del 411 había en el Calendario Caldean una “Commemoratio Confessorum” para el viernes de los Orientales. En Occidente Bonifacio IV, 13 Mayo, 609, o 610, consagro el Panteón en Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándole un aniversario. Gregorio III (731-741) consagro una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los Santos y arregló el aniversario para el 1 de Noviembre. La basílica de los Apóstoles que ya existía en Roma, ahora su dedicación seria recordada anualmente el 1 de Mayo. Gregorio IV (827-844) extendió la celebración del 1 de Noviembre a toda la Iglesia. La vigilia parece haber sido llevada a cabo antes que la misma fiesta. Y la octava fue adicionada por Sixto IV (1471-84).




Introito. -Regocijémonos todos en el Señor, al celebrar esta fiesta en honor de todos los Santos; de cuya solemnidad se alegran los Ángeles , y alaban juntos al Hijo de Dios. -(Ps. 32) Regocijaos, ¡oh justos!, en el Señor; a los rectos de corazón les está bien el alabarle. V. Gloria Patri.




ORACIÓN




¡Oh Dios omnipotente y eterno!, que nos concedéis venerar en una sola festividad los merecimientos de todos los Santos: os suplicamos derraméis sobre nosotros, por los ruegos de tantos intercesores, la deseada abundancia de vuestras misericordias. Por nuestro Señor Jesucristo.


El Sacrificio de la Misa


«El augusto Sacrificio del altar, no es pura y simple conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo, sino que es un sacrificio propio y verdadero, por el que el Sumo Sacerdote se inmola incruentamente y renueva lo que ya realizó en la Cruz, ofreciéndose enteramente al Padre eterno como víctima gratísima.» (Pío XII, Encíclica Mediátor Dei.) «El santo sacrificio de la Misa es un acto de culto público rendido a Dios en nombre de Cristo y de la Iglesia, cualquiera que sea el lugar o el modo de celebrarse. El sacerdote celebrante preside toda la acción litúrgica. Todos los demás participan en la acción litúrgica de la forma que les es propia. Los fieles tienen una participación activa en la liturgia en virtud de su carácter bautismal, de modo que en el santo sacrificio de la Misa ofrecen también a su manera la divina Víctima a Dios Padre con el sacerdote.» (Instrucción de la Sagrada Congregación de Ritos, 3 de septiembre de 1958).