domingo, 25 de octubre de 2009

Lo esencial para la Divina liturgia (IV)


(El Misal)

El Misal es el libro oficial de la Iglesia, que contiene las preces y lecturas que deben recitarse en la celebración de la santa Misa y las ceremonias que deben observarse en ella.Ceremonia es la acción que debe hacer el Sacerdote.Rúbrica es el mandato que ordena lo que hay que hacer. Dícese rúbrica porque suele escribirse con tinta roja, rubro en latín.Método muy excelente de oír la santa Misa es seguir los varios pasos de ella con el Misal, porque ofreciendo a una con el Sacerdote un mismo sacrificio, es natural que se conformen con él en las oraciones. Procure, sin embargo, cada uno oírla de la manera que le inspire más devoción.El Misal Romano es el mismo en toda la Iglesia latina, y es obligatorio para todos sus Sacerdotes; no obstante, por respeto a antiguas tradiciones, se permiten algunas variantes en oraciones y ritos a los cartujos, Dominicos, etc.
*
Las principales partes del Misal Romano son:Preliminares.
Ordinario de la Misa.
Propio del Tiempo
Propio de los Santos.
Común de los Santos.
Misas votivas.
Oraciones diversas.
Misas de Difuntos.
Bendiciones varias.
Misas particulares.
*
El Oficio propio del Tiempo comprende:Adviento.
Navidad y Epifanía.
Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima.
Cuaresma.
Tiempo de Pasión.
Tiempo pascual.
Tiempo de Pentecostés.
*
El Oficio común de Santos tiene los siguientes formularios:Sumos Pontífices.
Un Mártir (fuera del Tiempo pascual).
Muchos Mártires (fuera del Tiempo pascual).
Mártires (T. pascual).
Confesor Pontífice.
Doctores.
Confesor no pontífice.
Abades.
Vírgenes.
No Vírgenes.
Dedicación iglesia.
Fiestas de la Virgen.
Santa María (sábados).
*El Propio de santos tras las Misas del Señor, de la Virgen María y de los santos que acurren durante el año, menos las comprendidas entre el 26 de diciembre al 5 de enero.*
El uso del Misal.Conviene registrar siempre el misal antes de la Misa; y no precisamente en la iglesia, sino en casa. Para ello, procúrense los fieles un directorio de la iglesia en donde oyen la Misa.Los registros o señales del Misal habrían de ser, por lo menos, cinco: Ordinario, Propio del Tiempo, Propio de Santos, Común de Santos y Oraciones diversas. A falta de cintas, pueden servirse de devotas estampas que causen devoción.Sería bueno seguir siempre la misma Misa que dice el sacerdote; pero algunas veces quizá no sea esto posible, ya por celebrar en alguna iglesia particular, ya porque en ciertos días tiene el Sacerdote facultad de decir la que más devoción le inspire. También resultará, a veces, difícil a los fieles conocer exactamente la clase y número de las oraciones.Como los fieles se sirven del misal como de un alimento de su piedad, no tengan reparo alguno en añadir o quitar algunas oraciones, o en cambiarlas por otras, porque a ellos no obliga ni el número ni la calidad. Recordemos las palabras de Pío XI: Actualmente en todas partes se hace liturgia, pero no siempre como sería necesario y Nós quisiéramos. Con frecuencia se da más importancia al aspecto externo, a la materialidad de las cosas, siendo así que lo más importante es el espíritu: rogar siguiendo el espíritu de la Iglesia en la plegaria. Y la Iglesia, continúa el mismo Papa, acepta modos deficientes e imperfectos de oración, porque se hace cargo de la flaqueza humana: lo que importa es rogar. De una manera semejante habla el Papa Pío XII.No hay que leer la Misa sólo por leerla. Vale más leer poco despacio y con atención, que mucho y de prisa. Son de tanta unción espiritual las oraciones de la Iglesia que, cuanto más se leen, más gusto y pasto se halla en ellas.

De: Una Voce Cádiz.

sábado, 24 de octubre de 2009

El Padre Pío y la Santa Misa


EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA EXPLICADO POR SAN PÍO DE PIETRELCINA



Él me había explicado poco después de mi ordenación sacerdotal que celebrando la Eucaristía había que poner en paralelo la cronología de la Misa y la de la Pasión. Se trataba de comprender y de darse cuenta, en primer lugar, de que el sacerdote en el Altar es Jesucristo. Desde ese momento Jesús en su sacerdote, revive indefinidamente la Pasión.
Desde la señal de la cruz inicial hasta el ofertorio es necesario reunirse con Jesús en Getsemaní, hay que seguir a Jesús en su agonía, sufriendo ante esta "marea negra" de pecado. Hay que unirse a Él en el dolor de ver que la Palabra del Padre, que Él había venido a traernos, no sería recibida o sería recibida muy mal por los hombres. Y desde esta óptica había que escuchar las lecturas de la misa como estando dirigidas personalmente a nosotros.


El Ofertorio, es el arresto. La Hora ha llegado...


El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta "Hora".
Desde el comienzo de la plegaria Eucarística hasta la consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presente en el "memento" a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.
La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, La Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso san Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.


El Prefacio, es el canto de alabanza y de agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido llegar por fin a esta "Hora".
Desde el comienzo de la plegaria Eucarística hasta la consagración nos encontramos ¡rápidamente! con Jesús en la prisión, en su atroz flagelación, su coronación de espinas y su camino de la cruz por las callejuelas de Jerusalén teniendo presente en el "memento" a todos los que están allí y a todos aquellos por los que pedimos especialmente.
La Consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, La Sangre derramada ahora. Es místicamente, la crucifixión del Señor. Y por eso san Pío de Pietrelcina sufría atrozmente en este momento de la Misa.
Nos reunimos enseguida con Jesús en la Cruz y ofrecemos desde este instante, al Padre, el sacrificio Redentor. Es el sentido de la oración litúrgica que sigue inmediatamente a la Consagración.
El "Por Él, con Él y en Él" corresponde al grito de Jesús: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Desde ese momento el Sacrificio es consumado y aceptado por el Padre. Los
hombres en adelante ya no están separados de Dios y se vuelven a encontrar unidos. Es la razón por la que, en este momento, se recita la oración de todos los hijos: "Padrenuestro...".
La fracción del Pan marca la muerte de Jesús...
La intinción, el instante en el que el Padre, habiendo quebrado la Hostia (símbolo de la muerte...) daja caer una partícula del Cuerpo de Cristo en el Cáliz de la preciosa sangre, marca el momento de la resurrección, pues el Cuerpo y la Sangre se reúnen de nuevo y es a Cristo vivo a quien vamos a recibir en la comunión.
La bendición del sacerdote marca a los fieles con la cruz, como signo distintivo y a la vez como escudo protector contra las astucias del Maligno...
Se comprenderá que después de haber oído de la boca del P. Pío una tal explicación, sabiendo bien que él vivía dolorosamente esto, me haya pedido seguirle por este camino... lo que hago cada día... ¡y con cuánta alegría!

viernes, 23 de octubre de 2009

Sacerdotes españoles











Varias fotografías de sacerdotes españoles de la vieja escuela, apreciamos el peculiar bonete de cuatro picos, usado únicamente por los sacerdotes españoles.

Lo esencial para la Divina liturgia (III)

(Ornamentos litúrgicos)

Los ornamentos sagrados que el sacerdote se viste para la celebración de los Santos Misterios, reciben del Obispo, o de un sacerdote autorizado, una bendición que los aparta para siempre del uso vulgar.

EL AMITO: Lienzo blanco de cáñamo o de lino, cubría en otro tiempo el cuello y la espalda : hoy no envuelve más que el cuello de la sotana.

EL ALBA: Amplia túnica de lino que desciende como la sotana hasta los pies, adornada con encajes, no es más que la larga túnica de lino que llevaban los romanos. Es la vestidura litúrgica más antigua; fue adoptada por el clero para la Liturgia Eucarística. El alba acortada para los clérigos de Órdenes menores, ha dado origen a la sobrepelliz y al roquete de los canónigos. Es símbolo de pureza.

EL CÍNGULO: Indispensable para sujetar el alba, es el signo de la castidad.

EL MANÍPULO: Banda pequeña de género igual a la casulla, que rodea el brazo izquierdo del sacerdote, tiene su origen en el lienzo del cual se servían en la antigüedad para enjugarse el rostro y las manos, y para tomar diversos objetos. No parece haber sido adoptado por la Liturgia romana antes del siglo XII. Simboliza el trabajo y el dolor.

LA ESTOLA: Banda mayor del mismo género que el manípulo y la casulla, era primitivamente una especie de chal más largo que ancho, que cubría las espaldas y venía a caer por delante del pecho. Cuando la iglesia romana la adoptó hacia el siglo VII, había cambiado bastante de forma y constituía más bien una insignia que un vestido. El sacerdote la cruza sobre el pecho y el diácono la pone sobre el costado izquierdo en forma de aspa. Se la considera como símbolo de inmortalidad y de inocencia reconquistada.

LA CASULLA: Reducida actualmente a una especie de gran escapulario que deja los brazos en libertad, era en otro tiempo una gran capa que caía hasta los pies, abierta únicamente por la parte superior para dejar pasar la cabeza. Lleva ordinariamente la imagen de la Cruz y simboliza el yugo de Jesucristo.

EL COLOR DE LOS ORNAMENTOS: Los colores propiamente litúrgicos son seis: blanco, rojo, verde, morado, negro y rosáceo.El blanco, emblema de la inocencia, sirve para las fiestas de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen, de los Confesores, de las Vírgenes y de las Santas Mujeres.El color blanco se usa en el Tiempo de Navidad, Epifanía, Pascua, Ascensión, Corpus, etc.; en las fiestas de la Virgen y de los Ángeles; en las de Santos no mártires, etc.; y, aunque hayan sido mártires, cuando no se celebra su martirio.El color blanco denota alegría, exaltación, pureza, inocencia.El rojo, color de sangre y de fuego, está reservado para los días siguientes : Pentecostés, en recuerdo del Espíritu Santo, que descendió sobre los apóstoles en forma de lenguas de fuego; las fiestas que tienen por objeto la Cruz y los misterios de la Pasión de Nuestro Señor; las fiestas de los apóstoles o de los mártires que derramaron su sangre por Jesucristo.El color rojo simboliza el amor, la caridad, derramamiento de sangre, etc.El verde, símbolo de la esperanza y del reposo que gozaremos en la otra vida, se usa en las Domínicas menores, después de Epifanía y después de Pentecostés; en las ferias menores desde Epifanía hasta el sábado antes de Septuagésima.El color verde representa esperanza y deseos de alcanzar el Cielo por los méritos de Jesús.El morado simboliza la tristeza y penitencia; se usa ordinariamente en las Misas del Tiempo de Septuagésima, Cuaresma y Pasión; en los Domingos y ferias de Adviento; en las vigilias comunes, menos en la de la Ascensión; en la bendición de las Candelas, Ceniza y Palma; en las Misas de Témporas, etc.El color morado significa penitencia, mortificación, tiempo de oración y de ayuno.El negro se emplea siempre que se celebra Misa de difuntos y el día de Viernes Santo.El color negro simboliza tristeza, dolor, muerte.El color rosáceo puede usarse solamente el Domingo 3º de Adviento (Gaudete) y 4º de Cuaresma (Laetare).Este color significa alivio en la penitencia.En muchas diócesis de España y en Latinoamérica hay privilegio de la Santa Sede de poder usar el color azul celeste en la festividad de la Inmaculada Concepción y misa votiva del mismo misterio, no en las fiestas de Lourdes, Medalla Milagrosa, Corazón de María, etc.Los colores litúrgicos fundamentales, según el código de 1960, pueden sustituirse por otros, siempre por decisión de la jerarquía eclesiástica, en tierras de Misiones, donde la significación de determinado color se oponga a la señalada anteriormente.En las Misas votivas se usa el color propio de cada Misa; pero en las votivas rezadas de 4a clase puede usarse el color propio del día litúrgico, reservando siempre el color morado y el negro para las Misas que los exigen.

De: Una Voce Cádiz.

jueves, 22 de octubre de 2009

Intervención de Ottaviani (V)

BREVE EXAMEN CRITICO DEL NOVUS ORDO MISSAE
V
Y ahora pasemos a cada uno de los elementos concretos del Sacrificio.En la Misa anterior, eran cuatro los elementos del Sacrificio: 1) Cristo; 2) el sacerdote; 3) la Iglesia; 4) los fieles. 1ª Comencemos por los fieles. En el Novus Ordo, la parte asignada a los fieles es autónoma o absoluta, y, por consiguiente, totalmente falsa ya desde la misma definición propuesta al comienzo ("La Misa es la sagrada sinaxis o asamblea del pueblo"), hasta el saludo con el cual el sacerdote expresa al pueblo la "presencia " del Señor en la comunidad reunida (nº 28): "Con este saludo y con la respuesta del pueblo se manifiesta el misterio de la Iglesia reunida". Por lo tanto, se trata aquí de una, por cierto, verdadera presencia de Cristo, pero meramente espiritual, y asimismo del misterio de la Iglesia, pero en cuanto simple comunidad que manifiesta y solicita tal presencia espiritual. y esto se encontrará por doquier: recuérdese el carácter comunitario de la Misa recalcado con tanta insistencia (nº 32); 74-152); la impía distinción entre "Misa con pueblo" y "Misa sin pueblo" (nº 203-232); la definición de la "oración universal o de los fieles" (nº 45), donde nuevamente se pone de relieve "el oficio sacerdotal" del pueblo ("el pueblo ejerciendo el oficio de su sacerdocio") proponiéndolo en forma equívoca; en efecto, no se indica en modo alguno que está subordinado al oficio del sacerdote jerárquico. Y esto tanto más se confirma por el hecho de que el sacerdote, en cuanto que ha sido consagrado mediador, está constituido intérprete, según la vieja Misa, de todas las intenciones del pueblo, sea en la plegaria "Te igitur", sea en los dos "Memento".
También en la "Plegaria eucarística " III ("Vere Sanctus", pag. 123) se nos ordena dirigirnos así al Señor: "No dejas de congregar a tu pueblo, para que desde la salida del sol hasta el ocaso sea ofrecida una oblación pura a tu nombre": donde la partícula "para que" insinúa que el elemento necesario sobre todos los demás para celebrar la Misa es el pueblo, y no el sacerdote. y como en ninguna parte del texto se indica quién es el sacrificador secundario y particular (17), todo el pueblo mismo es presentado provisto de un poder sacerdotal propio y pleno. ¡Lo cual es falso! ¡Nada de extrañar pues si, con esta manera de obrar, bien pronto se le atribuya también al pueblo la facultad de unirse al sacerdote en la pronunciación de las mismas palabras consagratorias (lo cual, por lo demás, se nos informa, que ya sucede en ciertos lugares)! 2º El ministerio del sacerdote aparece disminuido, alterado, viciado. En primer lugar , por cierto, respecto del pueblo. Se lo presenta (al sacerdote), como un simple presidente o hermano (no mediador), más bien que como un ministro consagrado, que celebra en representación de Cristo; luego, respecto de la Igle sia, en cuanto que es propuesto como "uno del pueblo". También en la definición de la epiclesis (nº 55c) las invocaciones se atribuyen en forma anónima e incierta a la Iglesia. El oficio de mediador, propio del sacerdote, desaparece. En la oración del "Confiteor", que se recita ahora sólo en forma colectiva, el sacerdote ya no es más juez. testigo y mediador ante Dios; por consiguiente, no se imparte más al pueblo la absolución sacerdotal, que se tenía en el antiguo rito. En efecto, el sacerdote viene simplemente connumerado entre los "hermanos". De donde, incluso el mismo monaguillo que ayuda en una "Misa sin pueblo" lo llama con este nombre de hermano. Pero ya antes de esta última reforma de la Misa, se había abrogado la significativa distinción entre la Comunión de los fieles y la Comunión del sacerdote (momento en el cual el Sumo Eterno Sacerdote y el que actuaba en representación de Él se confunden en una casi diríamos íntima unión y se logra la consumación del Sacrificio). Ahora, en cambio, ni una palabra siquiera acerca del poder del sacrificador, sobre su acto consagratorio, por medio del cual se renueva realmente la Presencia eucarística. y de este modo, el sacerdote católico ya reviste la figura de un ministro protestante. Además, la omisión o el libre uso de muchas vestiduras sagradas ( pues en algunos casos bastan el alba y la simple estola: nº 298) debilita aún más la primigenia conformación del sacerdote con Cristo; en efecto, el sacerdote ya no se presenta más revestido con las virtudes de Cristo; él es ya un simple "funcionario" que apenas se distingue de la multitud de los fieles por uno o dos signos (18) ("él mismo un poco más hombre que los demás hombres": así lo describió, bella y humorísticamente aunque en forma involuntaria, cierto predicador contemporáneo (19). Por lo tanto, nuevamente se divide lo que Dios ha unido: a saber, así como ya viene separado el Tabernáculo del altar de la Misa, así ahora se desgarra el único sacerdocio del Verbo de Dios y el sacerdocio de Sus Ministros consagrados. Por último, trataremos simultáneamente de Cristo y de la Iglesia. En un solo texto, donde se trata de la "Misa sin pueblo", como con displicencia se reconoce a la Misa en cuanto que es "acción de Cristo y de la Iglesia" (nº 4; cfr. Presb. Ord., nº 13) ; mientras que por el contrario en el caso de la Misa "con pueblo" no se recuerda ninguna otra finalidad sino la de hacer "memoria de Cristo" y la santificación de los presentes. "El presbítero celebrante. ..asocia a sí mismo. ..al pueblo al ofrecer el sacrificio por medio de Cristo a Dios Padre en el Espíritu Santo" (nº 60), en vez de asociar el pueblo a Cristo, quien se ofrece a Sí Mismo en sacrificio "por el Espíritu Santo a Dios Padre". Nótense en este contexto otras cosas: la gravísima omisión en las oraciones de las cláusulas "Por Cristo Nuestro Señor", quien fue dado a la Iglesia de todos los tiempos como única garantía de ser escuchada (Jo.. 14, 13-14; 15, 16; 16, 23-24) ; además, un pertinaz y ansioso "pascualismo", como si la comunicación de las gracias no tuviese otros aspectos igualmente fecundos; también, ese "escatologismo" vesánico y peligroso, en el cual la comunicación de la gracia, que de suyo es permanente y eterna, es rebajada a meras dimensiones temporales; el "pueblo", como ejército en marcha (en italiano: "popolo in marcia"), la "Iglesia peregrinante" (¡ojo! ya no más militante contra la Potestad de las tinieblas) hacia cierto "futuro" que no está vinculado a la eternidad venidera ( y que por lo mismo no depende de ella en el presente) , sino que corresponde a la verdadera y propia posteridad temporal. La Iglesia -Una, Santa, Católica, Apostólica -es humillada en cuanto tal por la fórmula de la "Plegaria Eucarística IV", en la cual la oración del Canon Romano: "Por todos los ortodoxos y seguidores de la fe católica y apostólica " se cambia de tal modo que todos estos creyentes son sustituidos simplemente ¡por todos los que te buscan con corazón sincero!También en el "Memento" de los difuntos, los muertos ya no son aquellos "que nos precedieron con el signo de la Fe y duermen el sueño de la paz", sino solamente "los que murieron en la paz de tu Cristo". A quienes además se añade (no sin un nuevo y patente abandono de la legítima noción de la unidad y visibilidad de la Iglesia) la turba de "todos los difuntos cuya fe Tú solo conociste". En cambio, en ninguna de las tres nuevas Plegarias Eucarísticas se hace alguna mención -como ya más arriba dijimos- sobre el estado de penas y tribulaciones de las almas en el Purgatorio; en ninguna de ellas se da lugar a que se haga un "Memento" los difuntos en particular. Todo lo cual enerva nuevamente la fe en la naturaleza propiciatoria y redentora del Sacrificio.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Lo esencial para la Divina liturgia (II)


(Objetos litúrgicos)

EL INCIENSO: El uso del incienso en las Misas solemnes es general en la Iglesia católica.El fuego del incensario expresa los sentimientos de adoración, alabanza, gratitud, sumisión, en una palabra: la oración de la Asamblea Cristiana a Dios.


EL PAN Y EL VINO: La Iglesia latina se sirve para la consagración el pan ácimo, es decir, sin levadura. Funda su práctica en el hecho de que Nuestro Señor habiendo instituido la Eucaristía la víspera de su muerte, es decir, el día de los ácimos, no pudo servirse más que de este pan, porque la ley prohibía a los judíos, bajo pena de muerte, tener en sus casas pan fermentado en ese día.Ordinariamente se imprime en él la imagen de Jesucristo en la cruz o algún otro emblema religioso.El vino debe de ser puro y de buena calidad. Sólo el vino procedente de uva puede ser consagrado.


LAS SACRAS: En número de tres, especies de cuadros, puestos el más grande en medio, y los otros dos a cada lado del altar: contienen impresas diversas oraciones de la Misa y sirven para ayudar a la memoria del sacerdote.


LAS VINAJERAS: Dos jarritas de cristal con el vino y el agua. Se las coloca sobre la credencia que hay a la derecha del altar.


LA CAMPANILLA: Que se toca aun en los oratorios privados.


EL CÁLIZ: Es el vaso sagrado en el cual se hace la consagración del vino en la preciosa sangre de Jesucristo. La copa debe ser de oro o por lo menos de plata sobredorada en el interior.


LA PATENA: Es un platito del mismo metal que el Cáliz, destinado a recibir la Sagrada Hostia.


EL COPÓN: Copa de forma semejante al Cáliz, provista de una tapa, en la que se conservan las Hostias para la comunión.


LA CUSTODIA: Es una pieza de orfebrería (sol de oro) destinada a exponer la Sagrada Eucaristía a la veneración de los fieles.


EL CORPORAL: Lienzo sobre el que reposa el Cuerpo de Nuestro Señor : en tiempos antiguos era tan largo y ancho como la mesa del altar y tan amplio que se le doblaba sobre el Cáliz para cubrirlo. Por comodidad se le ha reducido considerablemente.


LA PALIA: Lienzo de forma cuadrada, que sirve para cubrir el Cáliz después de la consagración. Corporal y palia deben de ser de cáñamo o de lino.


LA BOLSA: Especie de carpeta recubierta de tela, que contiene el corporal doblado.


EL PURIFICADOR: Sirve para enjugar los labios y dedos del sacerdote, así como el Cáliz después de la comunión.


EL PAÑO DE MANOS: Lienzo pequeño con el cual el sacerdote se enjuga los dedos al Lavabo éste y el velo del Cáliz, no son lienzos sagrados: pueden ser tocados por todos.


De: Una Voce Cádiz.

martes, 20 de octubre de 2009

Lo esencial para la Divina liturgia (I)


EL ALTAR: Está prohibido celebrar el Santo Sacrificio si no es sobre un altar consagrado. Constituye el altar la parte más importante de la Iglesia.Los templos protestantes, donde no se ofrece ningún sacrificio, no poseen altar; no son más que simples lugares de reuniones piadosas. En la Iglesia latina el altar está puesto de manera que a ser posible lo vean todos los asistentes : también está generalmente un poco elevado del suelo. Unas gradas, por lo regular de número impar (1, 3, 5), conducen a él.El altar represento a Jesucristo, llamado por San Pablo piedra angular de la Iglesia.El altar puede ser fijo y móvil, según como esté construido. Se llama fijo cuando está formado por una sola piedra, que ocupa todo lo largo y ancho de la mesa, y está sostenido por columnas, a las cuales está fijamente unido. Esta piedra, consagrada por el Obispo y ornada con cinco cruces, constituye el altar propriamente dicho. El altar se llama móvil cuando está formado por una piedra cuadrangular, que se coloca en el centro de la mesa, la cual puede ser de madera u otro material.Ya desde un principio acostumbró la Iglesia celebrar sobre los sepulcros de los Mártires; y al multiplicarse los templos, llevaba a ellos con solemnidad las reliquias de los mismos.El altar, ya fijo, ya móvil, ha de ser consagrado por el Obispo. Las ceremonias de la consagración de un altar fijo son muy solemnes y majestuosas.En todo altar, fijo o móvil, se hace un pequeño hueco en la parte central anterior, llamado sepulcro, donde se colocan algunas reliquias de santos Mártires y de otros Santos. El sacerdote lo besa varias veces durante el Santo Sacrificio.El altar ha de cubrirse con tres manteles de lino o cáñamo, limpios y bendecidos por el Obispo o por quien tenga facultad de hacerlo.El altar es la mesa donde se celebra el santo Sacrificio de la Misa, renovación del Sacrificio del Calvario. San Pablo lo llama Mesa del Señor.

EL SAGRARIO: La Sagrada Eucaristía se conserva en el Sagrario. Sus paredes interiores son doradas, o por lo menos forradas de seda blanca; el exterior debe de estar recubierto de cortinillas llamadas conopeo, cuyo color varía como el de los ornamentos litúrgicos. El Sagrario no debe tener encima ningún otro adorno más que el Crucifijo : ni flores ni dosel.

EL RETABLO: Llámase retablo lo que se extiende detrás del altar y a lo alto de la pared para colocar las imágenes de los Santos, que forman como la corona de Jesús. El retablo es cosa accesoria que sirve para dar mayor esplendor y suntuosidad al mismo altar.

EL ALUMBRADO: La Iglesia ha limitado a seis el número de candeleros puestos sobre las gradas del Altar y dominados por la Cruz. Para la celebración de la Misa, se requieren por lo menos dos velas encendidas. Deben de ser de cera pura o al menos que predomine en su composición. Delante del altar donde se halla la Sagrada Eucaristía, debe lucir una lámpara noche y día, alimentada por aceite de oliva u otro aceite vegetal.


De: Una Voce Cádiz.