lunes, 12 de octubre de 2009

Excelencias de la sotana


Esta breve colección de textos nos recuerda la importancia del "uniforme sacerdotal", la sotana o hábito talar. Valga otro tanto para el hábito religioso propio de las órdenes y congregaciones. En un mundo secularizado, no hay mejor testimonio cristiano de parte de los consagrados a Dios que la vestimenta sagrada en los sacerdotes y religiosos.


Siete excelencias de la sotana


"Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente. Esto debe decirnos algo. ¿Cómo es posible que ahora, hombres que se dicen de Iglesia desprecien su significado y se nieguen a usarla?"


Hoy en día son pocas las ocasiones en que podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y a veces hasta despreciado en la Iglesia posconciliar. Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad sino que la indisciplina y el relajamiento de las costumbres entre el clero en general es una triste realidad.La sotana fue instituida por la Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, el Código de Derecho Canónico impone el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136). Contra la enseñanza perenne de la Iglesia está la opinión de círculos enemigos de la Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de paisano.Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario, porque cuando hace más de 1.500 años la Iglesia decidió legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante, ya que ella no se preocupa de niñerías.Seguidamente exponemos siete excelencias de la sotana condensadas de un escrito del ilustre Padre Jaime Tovar Patrón.


1º - El recuerdo constante del sacerdote


Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego... ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia la categoría o clase que éste representa.


2º - Presencia de lo sobrenatural en el mundo

No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes... Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, detenga, ponga multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta, da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos.Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la Iglesia. Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.


3º - Es de gran utilidad para los fieles


El sacerdote lo es, no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. El sacerdocio no es una profesión, con un horario marcado; es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas; si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión.


4º - Sirve para preservar de muchos peligros


¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es hoy una terrible realidad.

Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha ido cada vez a más.

Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero, al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje.

De tal modo, que ya muchos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.

Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye lasocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes.



5º - Ayuda desinteresada a los demás



El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios, que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?


6º - Impone la moderación en el vestir


La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco).

Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia.Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc.

Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.


7º - Ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia


Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.

Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.


Notas


- El autor: El Padre Jaime Tovar Patrón, coronel capellán, ocupó importantes responsabilidades en el Vicariato Castrense. Oriundo de Extremadura, España, fue rotundo orador sacro. Autor del libro Los curas de la Cruzada, auténtica enciclopedia de los heróicos sacerdotes que desarrollaron su labor pastoral entre los combatientes de la gloriosa Cruzada de 1936. Es además, una historia del sacerdocio castrense. Falleció en enero del 2004.


- Código de Derecho Canónico (1983): Título III. De los ministros sagrados o clérigos 284 Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar. 285. 1. Absténganse los clérigos por completo de todo aquello que desdiga de su estado, según las prescripciones del derecho particular. 2. Los clérigos han de evitar aquellas cosas que, aun no siendo indecorosas, son extrañas al estado clerical.


- CONVIENE RECORDAR: Muchos sacerdotes y religiosos mártires han pagado con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado en las terribles persecuciones religiosas de los últimos siglos. Muchos fueron asesinados sencillamente por vestir la sotana. El sacerdote que viste su sotana es para todos un modelo de coherencia con los ideales que profesa, a la vez que honra el cargo que ocupa en la sociedad cristiana.

Si bien es cierto que el hábito no hace al monje, también es cierto que el monje viste hábito y lo viste con honor. ¿Qué podemos pensar del militar que desprecia su uniforme? ¡Lo mismo que del cura que desprecia su sotana!


# Año Sacerdotal 2009-2010


domingo, 11 de octubre de 2009

Hilarión Alféyev obispo ortodoxo ruso a favor de la Tradición apostólica


Un personaje distinto y distinguido. No hace mucho estuvo reunido con S.S. Benedicto XVI y las entrevistas dan mucho que hablar, sobre todo cuando se ve que estamos muy cerca de la "plana comunión" tocante a artículos tan fundamentales de la Eclesiología como el Primado del Papa, histórica piedra de escándalo para las Iglesias ortodoxas de la tradición bizantina. Respecto a otros particulares del dogma, también recuerdo haber leído algunas opiniones de Alfeyev sobre algunos puntos de Escatología (Purgatorio etc.) que se distancian de lo que confiesa y enseña la Iglesia Católica. Son las naturales (sobrenaturales!) distancias; comprensibles a pesar de no ser aceptables.

Pero cuando aparece un personaje como Hilarión Alfeyev parece como si el milenio que separa a la Rusia cristiana de la Roma Eterna se acortara. Por comprensión, por sintonía, con esperanza.

Admiro la cultura rusa, la historia de Rusia, y a la Iglesia Ortodoxa rusa desde niño. Por una atracción que primero fue "visual-estética". Admiré todo el rutilante mundo de belleza formal-espiritual en que se desenvolvía la liturgia ortodoxa rusa; precisamente cuando nosotros mismos hemos sido testigos del despojamiento y aniquilación de nuestra Liturgia Romana, bajo el insuficiente pretexto de la "simplificación" y la "renovación" que encubría una aberrante desacralización, acompañada la mayoría de las veces por un vacío de fe y una devaluación cultural y que gracias a Dios se está recuperando y volviendo a su uso en muchas parroquias que antes no se celebraba...


Las notas de las agencias de noticias comentaban la "sintonía" cordial entre dos hombres de Iglesia (salvando las distancias) que además comparten su amor/vocación también musical. Seguro que fue una entrevista digna de ser compartida en directo.


Yo me quedo con una frase de Hilarión Alfeyev recogida en una entrevista que le hicieron con motivo de ese encuentro con el Papa:

"A los quince años, entré por primera vez en el santuario del Señor, el Santo de los Santos de la Iglesia ortodoxa. Pero fue solo después de mi entrada en el altar cuando comenzaron la 'teourgia', el misterio que continúa hasta el día de hoy"..."Después de mi ordenación, ví mi destino y mi principal llamada al servicio de la Liturgia Divina. De hecho, todo lo demás, como los sermones, la atención pastoral y la erudición teológica, se centra en el punto de interés principal de mi vida, la liturgia".










sábado, 10 de octubre de 2009

El porqué de la Misa católica con el Misal de S.S. SAN PÍO V


La misa católica fue codificada por S.S. San Pío V en el año de 1570, esto significa que este Pontífice no inventó un rito sino que estableció la estructura de la misa respetando la Tradición ininterrumpida de Cristo, de los apóstoles, de los Santos Padres, de los primeros siglos del cristianismo y de los Pontífices anteriores. Al tener sus orígenes en los mismos apóstoles también es conocida como misa apostólica o misa tridentina por ser esa labor de codificación resultado de un ordenamiento del Concilio dogmático de Trento.

Todos los sacerdotes católicos del rito latino que hayan sido ordenados hace más de treinta años han celebrado el Santo Sacrificio de la Misa con este misal, hasta por lo menos a finales de la década de los años sesenta, fecha en que se efectuó la reforma litúrgica. Esta misa ha estado vigente durante muchos siglos en la Iglesia Católica y ha producido grandes santos y enormes frutos en la historia de la cristiandad.


ESTE RITO ESTÁ VIGENTE


Este rito, contra lo que algunos mal informados pudieran pensar, está vigente por su antigüedad multisecular conforme al canon 28 del Nuevo Código (canon 30 del Código anterior) que señala que una nueva ley no revoca las costumbres centenarias o inmemoriables a no ser que se les cite EXPRESAMENTE. Al no haber sido explícitamente abrogado en la Constitución Apostólica Missale Romanum de S.S. Pablo VI, el rito tradicional –alabado por el propio Pablo VI- continúa vigente. Por otra parte, S.S. San Pío V en su bula QUO PRIMUM decreta a perpetuidad que puede ser utilizado para siempre en la Iglesia y que por lo tanto ningún sacerdote podrá –en ningún tiempo- ser sancionado por su uso. Esta bula se localiza fácilmente al principio de todos los misales que los sacerdotes han utilizado para celebrar este rito. Confirmando su plena vigencia, S.S. Benedicto XVI ha publicado su motu proprio Summorum Pontificum, el 7 de julio de 2007, a fin de despejar cualquier duda preexistente. Incluso, el cardenal Castrillón como Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha dicho que los deseos del Papa son que sea celebrada en todas las parroquias del mundo y esto ya se ha iniciado en la básilica romana de San Juan de Letrán por parte del cardenal Cañizares.


EXPRESA CLARA Y MAJESTUOSAMENTE LA DOCTRINA CATÓLICA


El rito, conforme al misal promulgado por San Pío V, ha demostrado, en el transcurso de los siglos, ser un dique contra las deformaciones doctrinales pues expresa con toda claridad y belleza la doctrina católica de la misa:· Es el mismo e idéntico sacrificio del calvario, celebrado de manera incruenta (sin derramamiento de sangre), para aplicar su virtud salvadora a la remisión de nuestros pecados. No es una simple conmemoración de la pasión y muerte de N. S. Jesucristo sino que es un sacrificio propio y verdadero.· Es el mismo sacerdote Jesucristo, representado por su ministro que por su ordenación sacerdotal, obra en la persona del mismo Cristo. En cierta forma “presta a Cristo su lengua, le ofrece su mano”· Es la misma víctima del Calvario: el Divino Redentor, Jesucristo. Por medio de la doble consagración se representa la mística separación del Cuerpo y la Sangre de Cristo, estando todo Él con su divinidad, su alma, su sangre y su cuerpo realmente presente en las especies consagradas. No es pues, una simple presencia espiritual.Son los mismos fines:


1) Adorar y glorificar a Dios


2) Dar gracias a Dios


3) Expiación y Propiciación (Cristo se ha inmolado como víctima propiciatoria para satisfacer por nuestros pecados. En la misa se aplican los frutos de su redención).


4) Impetración (pedir gracias, favores y bendiciones a Dios).


Toda esta doctrina definida infaliblemente y custodiada por la Iglesia Católica se encuentra de una manera clarísima y majestuosamente expresada en la liturgia codificada por S.S. San Pío V que con sus rúbricas ha sido secularmente un dique contra el error y la anarquía en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa.


EL USO DEL LATÍN: SIGNO DE UNIDAD


La utilización del latín se efectúa siguiendo el idioma oficial de la Iglesia, mismo que el Papa emplea en Roma y que representa un signo de unidad entre los católicos. Es falso que su abolición haya sido decretada por el Vaticano II que sólo recomendaba el uso de la lengua vernácula en ciertas partes de la liturgia, siendo muy útil en las lecturas de la epístola y el evangelio. Hoy que el latín prácticamente ha caído abusivamente en desuso, el pueblo católico –contra lo que se pretendía- no conoce lo que es la misa. Basta preguntarle a los fieles cuál es su definición y cuáles son sus fines para constatar la tremenda ignorancia que existe. Cuando en todas partes del mundo se empleaba el latín cualquier extranjero no se sentía extraño en Misa, el pueblo fiel aprendía y entendía el ritual por medio de misales bilingües y existía uniformidad entre el clero de todo el mundo, además que no se presentaban los graves problemas y errores en las traducciones.


MODO DE RECIBIR LA COMUNIÓN:


-En gracia santificante, por medio de la confesión sacramental


-Siendo miembro del cuerpo de la Iglesia Católica


-Honestamente vestidos


-De rodillas y en la boca.


En esta misa se recibe a Cristo -en la comunión- de rodillas, puesto que si la Sagrada Escritura prescribe que a su nombre se doble toda rodilla, es claro que cuando se recibe su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, ésta es la posición exterior piadosa más conforme con una actitud interna de adoración y es la misma que señala Cristo en la parábola del fariseo que oraba orgullosamente de pie y del publicano que de manera humilde, interna y externamente, rezaba arrodillado. Éste último, enseña Cristo, fue el que salió justificado del templo. Por otra parte, el fiel –modestamente vestido y limpio de todo pecado mortal por la confesión sacramental- recibe con respeto en la boca la sagrada forma por no tener las manos consagradas como el sacerdote; además al no tomarla con la mano se evita, así, la caída de partículas consagradas (en las que Cristo está realmente presente) al suelo o cualquier posible profanación.


ESTE RITO EVITA LA ANARQUÍA LITÚRGICA


Hoy que la anarquía litúrgica es claramente constatada por el pueblo católico, donde cada sacerdote y en cada templo se le añaden o quitan preces al arbitrio de cada cual, ahora que la doctrina del mismo sacrificio es negada y se nos enfatiza lo secundario para acallar o negar lo fundamental de la doctrina del Santo Sacrificio, hoy que se nos dice que la misa es sólo un memorial, un recuerdo, una simple cena, una mera asamblea más precedida por un ministro, nuestra conciencia católica nos exige proclamar la verdadera y eterna doctrina definida infaliblemente por la Iglesia, así como el debido respeto y devoción que debe existir en la liturgia, haciendo uso de este multisecular rito que ha probado su eficacia en la historia para dar frutos de santidad y evitar de este modo la anarquía litúrgica que lamentablemente padecemos. Nos basamos en la autoridad de la Iglesia Católica y del Romano Pontífice que ha permitido y promulgado este rito católico a perpetuidad.


MUCHOS SACERDOTES CELEBRAN CON EL MISAL DE SAN PIO V


Por último, es importante considerar que no sólo en el transcurso de los siglos ha sido utilizado con grandes frutos y que la mayoría de los santos canonizados por la Iglesia Católica celebraron con él o asistieron a este rito, sino que incluso después de la reforma litúrgica sigue siendo utilizado en casi todos los países por muchos sacerdotes católicos.


Así, por ejemplo, podemos citar el caso famosísimo del Padre Pío que en vida manifestó en su cuerpo las mismas llagas de la pasión de N.S. Jesucristo y que en la década de los sesentas, cuando se implantaron los antecedentes de la reforma litúrgica, al advertir los peligros que hoy se constatan, mantuvo el uso del misal de San Pío V. Este sacerdote reconocido durante toda su vida por su santidad, fue beatificado en 1999 por S.S. Juan Pablo II. Podríamos citar otros casos, pero sólo recordaremos que los Cardenales Bacci y Ottaviani no dejaron de utilizarlo, después de la reforma litúrgica, hasta el fin de sus vidas. El Cardenal Ottaviani –al que S.S. Paulo VI llamaba “mi maestro” y al que tanto elogió S.S. Juan Pablo II en la fecha de su muerte, al señalarlo como ejemplo de una "fidelidad ejemplar"(*)–, fue sumamente reconocido por su ciencia teológica y precisamente por esa fidelidad a la Iglesia y era, además, nada menos que el Prefecto de la Sagrada Congregación de la Fe, uno de los organismos más importante dentro del Vaticano (mismo que ocuparía, después, el cardenal Ratzinger). Estos eminentes cardenales vieron de manera clarividente todos los riesgos teológicos y litúrgicos que se avecinaban –y que hoy se manifiestan claramente- y así los consignaron en su ya célebre documento “Breve análisis crítico del Novus Ordo”.


CONCLUSIÓN:


Este rito plenamente católico, está reconocido por su antigüedad en la Iglesia, ya que respeta la Tradición ininterrumpida de Cristo, de los apóstoles, de los Santos Padres, de los primeros siglos del cristianismo y de los Pontífices Romanos. Su misal fue promulgado por un Papa como resultado de un Concilio y está plenamente vigente en la Iglesia Católica. Sus frutos de santidad están más que reconocidos: la mayoría de los santos canonizados celebraron con él –en caso de ser sacerdotes- o se santificaron por su medio al asistir al Santo Sacrificio de la Misa –en caso de los seglares-. Manifiesta de una manera clara e inequívoca la verdadera doctrina católica sobre la Santa Misa y ha probado su eficacia contra la anarquía, errores y abusos litúrgicos. Exige de los fieles el debido respeto y devoción por el mismo e idéntico sacrificio del Calvario que se celebra en el altar para aplicarnos los frutos de la redención de Cristo, quien está real y verdaderamente presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en las especies consagradas.

viernes, 9 de octubre de 2009

Modo de asistir a la Santa Misa


Obligación de oír la Misa. -Aunque atendida la excelencia del santo sacrificio de la Misa, para el cristiano no debía haber ocupación de más importancia que el oír la Misa, y toda tarea había de interrumpir para asistir diariamente a ella, la ignorancia de muchos católicos y su tibieza por las cosas de su alma hacen que olviden este divinísimo ejercicio del culto hasta el punto de no asistir a él sino a más no poder y sólo cuando los obliga la Iglesia bajo pecado mortal.

Esta obligación grave existe en todos y cada uno de los domingos del año y en las fiestas de Navidad (25 de diciembre), Circuncisión (1 de enero), Epifanía (6 de enero), Ascensión y Corpus; en las de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y Asunción (15 de agosto), y en los días de San José (19 de marzo); de San Pedro y San Pablo (29 de junio). En toda España obliga, además, la fiesta de Santiago el Mayor (25 de julio). En algunas diócesis y en otras regiones obligan también algunas fiestas propias de las mismas.


Modo de oír la Misa. -La Iglesia, no sólo nos manda asistir al santo sacrificio, oír la Misa; quiere, además, y nos prescribe, que tomemos parte activa en la misma. Esta participación activa en los divinos misterios es la fuente más fecunda de la piedad y de la vida cristiana. Durante la misma Misa, la liturgia la recuerda, la urge y nos excita a ella:

"Orad, hermanos, para que este sacrificio, que también es vuestro...", dice el Sacerdote. El cual añade en otra Oración:

"Aceptad, ¡Oh Trinidad Santa!, esta oblación que nosotros os ofrecemos... Nosotros te suplicamos..."" Y tantas otras fórmulas con que se invita a esta participación activa. Y es que en la Misa, Cristo, nuestra cabeza, es Sacerdote y víctima; nosotros, sus miembros, lo somos con Él. Cristo es el Sacerdote principal; nosotros, los Sacerdotes secundarios. Él es la víctima principal; nosotros, las víctimas secundarias. Jesús y nosotros somos el Sacerdote completo, la hostia completa. Por esto, para asistir bien a la Misa hay que unirse con la intención al Sacerdote, y por medio de él, a Jesucristo, y seguir atentamente y con espíritu de fe cuanto se hace en el altar, en especial durante las partes principales de la Misa.


Actitudes exteriores. -Esta participación activa en el sacrificio y esta unión espiritual con el Sacerdote requieren, a su vez, como mínimo, una actitud exterior reverente, y el acompañar con esta actitud los gestos rituales del sacrificio. La actitud del cuerpo durante la oración traduce los sentimientos del alma, y a su vez los excita y fomenta. Procura, pues, seguir al Sacerdote en las ceremonias que hace, santiguándote, arrodillándote, estando de pie o sentado, etc.

Según las rúbricas, los asistentes en las Misas rezadas deberían estar siempre de rodillas, aun durante el tiempo pascual, excepto a la lectura del Evangelio. La costumbre general ha mitigado esta disciplina, permitiendo el estar de pie o sentado en varias partes de la Misa. Conforme a esta costumbre, en lo que está ya generalmente admitida, en el Ordinario de la Misa se señalan las actitudes que deben observarse en cada parte de la Misa, así rezada como cantada y solemne.


Unión al Sacerdote. -Pero no debes contentarte con esta participación exterior; debes unirte al Sacerdote, siguiendo en todo el espíritu de la Misa. Y pues eres oferente con él, reza por el Misal las oraciones que él recita, y lee e instrúyete en las enseñanzas que Dios te da por medio de la Iglesia, en las lecturas del Misal, para vivir así de su espíritu y vivir siempre con la Iglesia, que será vivir con Jesucristo, como miembro de su Cuerpo místico.

Cuando no puedas seguir la Misa, por el Misal, únete al Sacerdote al principio de la Misa, renueva esa intención en los principales pasos de la misma. Y durante ella puedes meditar en la pasión del Señor, ya que la Misa es el sacrificio mismo de la Cruz. O bien, puedes ofrecerla según los cuatro fines por que fue instituída; desde el comienzo hasta el Ofertorio, adorarás a Dios (fin latréutico); desde el Ofertorio hasta la Consagración, agradecerás a Dios todos sus beneficios (fin eucarístico); desde la Consagración a la Comunión, pedirás perdón de tus pecados y penas temporales (fin propiciatorio), y de la Comunión al fin, implorarás nuevos beneficios (fin impetratorio) y la gracia de vivir santamente durante el día.

También, manteniendo habitualmente tu unión con el Sacerdote celebrante y para actuarla con mayor eficacia, puedes fomentar en tu mente los sentimientos correspondientes a las partes de la Misa, en esta forma: En la Preparación, excita en ti sentimientos de dolor y contrición de tus faltas y pecados. En la Misa de los catecúmenos, actos de súplica y de alabanza a Dios durante el rito deprecatorio; actos de viva fe a la palabra de Dios y de fervorosa adhesión a las enseñanzas de la Iglesia durante el rito catequístico. En la Misa de los fieles, actos de generosa oblación de ti mismo y de todas las obras del día durante el Ofertorio; afectos de alabanza al Prefacio; actos de adoración y de entrega total a Dios en unión de Jesucristo víctima durante el Canon; afectos de amor y deseo durante la Comunión; y desde ésta hasta su fin, actos de gratitud y ofrenda de las resoluciones para tu vida cristiana y piadosa.


Servir a la Misa. -Oficio excelente, propio de los Ángeles, y medio muy propio de participar más activamente en el sacrificio, es el ayudar a la Misa como Ministro o Acólito. El Acólito asiste al Sacerdote en el altar, al modo como los Ángeles asisten en el cielo ante el trono de Dios; representa a todos los fieles, en cuyo nombre responde al Celebrante, y mediante su oficio el Acólito está en contacto más íntimo con los sagrados misterios que se celebran.

A fin de que más fácilmente puedas hacer el oficio de Ministro en la Misa rezada, en el Ordinario se describen breve y concisamente las funciones que le corresponden.


***


¡Cristiano lector: fomenta más cada día tu devoción a la Santa Misa! "Oyendo una sola Misa -dice San Bernardo- puedes merecer más que empleando tu fortuna toda en aliviar la miseria de los pobres, más que yendo en peregrinación hasta las extremidades de la tierra, más que visitando con la mayor devoción los santuarios de Roma y de la Tierra Santa." Si alguien nos dijese: "Debajo de aquella iglesia parroquial se acaba de descubrir una mina de oro, cada mañana puede ir cualquiera a enriquecerse durante media hora a manos llenas, ¿qué feligrés dejaría de ir allí? Ahora bien, una sola Misa vale más que todo el oro del mundo. Y uno se pregunta, extrañado, cómo los cristianos, que esto saben, pueden ser tan inconsecuentes."

Pues por desgracia tenemos cristianos que no se dan cuenta o están mal informados de lo que es la Santa Misa y entonces no la pueden aprovechar adecuadamente y con la mayor devoción posible, desperdiciando así su tiempo, incluso su vida en otras cosas mundanas e impidiendo que Dios entre en su vida y pueda llegar a salvar su alma y muchas otras almas.

jueves, 8 de octubre de 2009

Nociones acerca de la Santa Misa


La Santa Misa. -Jesucristo es el supremo don del amor de Dios al hombre, y la Misa la renovación y continuación de aquel acto de caridad infinita con que Jesús, Dios y Hombre, se inmoló en la cruz para la rendención del hombre a la justicia y misericordia del Eterno Padre. El sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz. En ambos es el mismo el Sacerdote y la ofrenda; solamente hay diferencia en el modo de ofrecer el sacrificio.

En la Santa Misa, el Sacerdote principal y verdadero es Jesucristo en persona, que se ofrece y sacrifica al Eterno Padre. El Sacerdote que ves en el altar, que toma en sus manos el pan y el cáliz con el vino, es un ministro, representante e instrumento, que presta sus manos y boca a Cristo. La víctima que se inmola es Jesucristo, que en el Calvario derramó real y cruentamente su sangre por nuestra redención, y en el altar nos la aplica.

Principal oferente en la Misa es Jesucristo; ministro secundario es el Sacerdote. Pero no sólo él, sino con él, y por medio de él, todos los asistentes, que en cierto modo hacen el oficio de sacerdotes, y por lo mismo, deben tomar parte activa en ella.


Sus fines y frutos. -Siendo la Santa Misa el mismo sacrificio de la Cruz, es de un valor y de una excelencia infinitos.

Por medio de la Misa damos a Dios un honor infinito, mucho mayor que si se le ofrecieran las vidas de todos los hombres y de todos los Ángeles. Por ello le damos una satisfacción completa por todos los pecados de los hombres, y en particular de los asistentes, a quienes se aplica la misma divina sangre con que en el Calvario fue redimido el género humano. Con ello damos gracias a Dios dignamente por todos los beneficios que nos ha hecho. Finalmente, por medio de la Misa podemos alcanzar todas las gracias y favores que deseemos para nosotros y para los demás. Son los cuatro fines por los cuales se ofrece el sacrificio de la Misa, que por ellos se dice ser un sacrificio latréutico, propiciatorio, eucarístico e impetratorio.

Su eficacia proviene de que quien en la Misa adora a Dios, le da gracias, le desagravia e intercede por nosotros es el mismo Jesucristo. Es una plegaria divina la del que oye devotamente la Misa, pues con la suya va unida la plegaria del mismo Jesucristo. Por eso decía San Francisco de Sales que el santo sacrificio de la Misa es el sol de los ejércitos espirituales, el corazón de la devoción, el alma de la piedad y el centro de la religión.


Su liturgia. -El santo sacrificio de la Misa representa y renueva el del Calvario, pero de una manera mística e incruenta; y así lo hace conforme al rito con que Nuestro Señor celebró la última Cena al instituir la Eucaristía, que es, a la vez, sacramento y sacrificio. Las tres acciones principales, que de Jesucristo nos refiere el Evangelio, que "tomó en sus santas manos el pan y el cáliz, los bendijo, los partió y distribuyó entre los discípulos", son las que renueva el Sacerdote en la Misa; las cuales, ampliadas y desarrolladas con fórmulas apropiadas y con ceremonias simbólicas y santas forman las tres partes principales de la Misa: el Ofertorio, la Consagración y la Comunión. A ellas, desde tiempos antiquísimos, se añadieron otras, ya como preparación del sacrificio, ya como conclusión del mismo. Todo este conjunto admirable de fórmulas, lecturas, oraciones, ceremonias y ritos constituye la actual liturgia de la Misa, la que, asistida por el Espíritu Santo, emplea la Iglesia en la celebración de los divinos misterios. Con ella habla a la vez a la inteligencia, al corazón y a los sentidos de los fieles, adoctrinándolos, excitando su piedad y moviendo su voluntad a la adoración y amor a Dios y a la observancia de su ley santa.


Sus partes. -En la Misa pueden distinguirse éstas:


I. PREPARACIÓN, que comprende las preces que el Sacerdote dice en la sacristía y al pie del altar hasta el Introito, y tienen por objetivo disponer los ánimos del celebrante y de los asistentes para el sacrificio.

II. MISA DE LOS CATECÚMENOS, desde el Introito hasta el Credo, compuesta de un doble rito: 1º Desprecatorio, integrado por varias preces que disponen el corazón y hacen a Dios propicio; 2º Catequístico, desde la Epístola al Credo, o sea lecturas e instrucciones que disponen la inteligencia. El Credo, acto de fe a esta instrucción dada por Dios, abre la puerta del sacrificio, o sea, de la:

III. MISA DE LOS FIELES, la cual a su vez comprende tres secciones principales: 1ª Ofertorio, o preparación inmediata de la materia del sacrificio; 2ª Consagración, o realización del sacrificio; 3ª Comunión, o sea, consumación del sacrificio, con la acción de gracias.

IV. CONCLUSIÓN. Comprende las preces finales, con que se despide a la asamblea y se da gracias a Dios.


Sus elementos. -Estas partes se constituyen inmediatamente de ceremonias y fórmulas litúrgicas, o sea, oraciones, versículos, lecturas, etc...que forman el Introito, la Colecta, Epístola, Gradual, etc...como los trae el Ordinario de la Misa.

Atendiendo a estos elementos, las partes de la Misa son variables e invariables. Las invariables contienen todas en el Ordinario, y son aquellas que cuando se rezan se dicen siempre las mismas. Las variables varían o son distintas según fuere la Misa que se dice; y ellas, a su vez, son propias y peculiares de cada Misa, que se hallan en el propio del Misal Romano, o comunes, que conforme a la calidad de la Misa, han de tomarse de uno u otro Común.

Las partes variables son las siguientes: Introito, Oración, Epístola, Gradual, Tracto, Aleluya, Evangelio, Ofertorio, Secreta, Prefacio, Comunión y Poscomunión.


Clases de Misas. -Aunque en el fondo la Misa es siempre la misma, y esencialmente siempre es suma su excelencia, dignidad y eficacia, con todo, atendiendo a diversas consideraciones, son varias sus clases. Así, por la solemnidad externa con que se celebra la Misa, es rezada o privada, cantada y solemne; ésta última con Ministros sagrados, incensación y canto; la cantada, con canto, pero sin Ministros sagrados e incensación.

Por el objeto de que se dice, la Misa es del día cuando se celebra del Oficio rezado en el día, o sea del Señor, de la Virgen, de Santo, de domínica o de feria; o votiva, cuando no se dice del Oficio del día, sino a devoción del Sacerdote o por petición y voto de los fieles; o de Requiem, cuando se celebra por los difuntos, con ornamentos negros.


Prelación de las Misas. -Es principio general que cuando en un mismo día coinciden dos fiestas distintas, prevalece la Misa del Oficio, que litúrgicamente es más principal y noble. De dicha fiesta prevalente se celebra la Misa del día, y la otra se traslada a otro día, o de ella se hace conmemoración en la del día, según determinan las rúbricas para cada caso. Gozan de esta preferencia litúrgica sobre todas las demás, las fiestas de primera clase primarias de la Iglesia universal.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Nuestra Señora del Santísimo Rosario


Desde que la Santísima Virgen ha dado una eficacia tan grande al Rosario, no existe ningún problema material, espiritual, nacional o internacional que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario y nuestros sacrificios.

(Hna. Lucía de Fátima).


Fangeaux está en un alto, dominando la inmensa llanura de Lauregais. Es un paisaje impresionante, en especial por la inmensidad del horizonte que se descubre. Precisamente Dios Nuestro Señor lo eligió para abrir los ojos de Santo Domingo de Guzmán a otro paisaje más dilatado aún, el de la inmensidad de las almas que estaban esperando quien les mostrara el camino de la auténtica vida cristiana.

Un discreto y sencillo monumento, llamado la Seignadou, marca y lugar en que, estando en oración, recibió el Santo una gracia extraordinaria. Pocos detalles sabemos de ella. Es muy fácil que, como suele ocurrir tantas veces en las vidas de lo santos, ni el mismo Santo Domingo percibiera desde el primer momento toda la trascendencia de lo que entonces se le revelaba. Parece cierto que Dios le confirmó en su idea de fundar una Orden de Predicadores, que le confirmó también que eran aquellas tierras del mediodía de Francia el más adecuado escenario para dar comienzo a la tarea, y que la Santísima Virgen mostró mirar con especial predilección este apostolado dominicano.

¿Ocurrió entonces la revelación del Santísimo Rosario? Ya hemos dicho que es poco lo que nos queda de fehaciente sobre aquella visión. El Santo no fue nunca explícito, pero la tradición unánime hasta tiempos muy recientes ha hecho a Santo Domingo de Guzmán fundador del rosario. Oigamos, por ejemplo, al Papa Benedicto XV: "Y así -dice hablando de Santo Domingo- en sus luchas con los albigenses que, entre otros artículos de nuestra fe, negaban y escarnecían con injurias la maternidad divina de María y su virginidad, el Santo, al defender con todas las fuerzas de su alma la santidad de estos dogmas, imploraba el auxilio de la Virgen Madre. Con cuánto agrado recibiese la Reina de los cielos la súplica de su piadosísimo siervo, fácilmente puede colegirse por el hecho de haberse servido de él la Virgen para que enseñase a la Iglesia, Esposa de su Hijo, la devoción del Santísimo Rosario: es decir, esa fórmula deprecatoria que, siendo a la vez vocal y mental (pues al mismo tiempo que se contemplan los principales misterios de la religión se recita quince veces la oración dominical con otras tantas decenas de ave marías), es devoción muy a propósito para excitar y mantener en el pueblo el fervor de la piedad y la práctica de todas las virtudes. Con razón, pues, Domingo de Guzmán mandó a sus hijos que, al predicar a los pueblos la palabra de Dios, se dedicasen constantemente y con todo empeño a inculcar en los ánimos de sus oyentes esta forma de orar, cuya utilidad práctica tenía él harto experimentada."
Este es, por consiguiente, según el parecer unánime de la tradición, robustecida por los documentos pontificios, el celestial origen del Santísimo Rosario. La moderna crítica pone, sin embargo, no pocos reparos a este sentir. Las trazas del rosario como devoción popular son muy posteriores, y aparecen con independencia de la actuación de Santo Domingo.
No es éste el lugar de discutir una cuestión histórica. Como suele suceder en estas ocasiones, hay un desenfoque inicial en la actitud de los críticos: una idea, una institución, una devoción, no nacen nunca enteramente hechas. Piénsese en la devoción al Corazón de Jesús, elaborada durante siglos por el amor hacia la humanidad de Cristo, que iba en aumento. O piénsese en la serie de vicisitudes por que pasa una idea antes de plasmar en una realización práctica, poniendo ante los ojos, por ejemplo, las di versas tentativas y ensayos que precedieron a la configuración jurídica de la Compañía de Jesús. Que Santo Domingo de Guzmán concibió su apostolado y el de sus hijos con un matiz eminentemente mariano, no hay quien lo discuta. Que ya en los primeros tiempos de la Orden dominicana encontramos la recitación frecuente del avemaría, utilizando incluso cuerdas con nudos, también parece cierto. Recuérdese el ejemplo de Romeo de Livia, O. P. (t 1261); el de Delfín Humberto, O. P. (t 1356); el de la Beata Margarita Ebner, O. P. (t 1351); el de Juan Taulero, O. P. (t 1361), y otros muchos personajes eminentes de la Orden de Predicadores en los que encontramos elementos que luego han de servir para dar la estructuración definitiva al rosario. Esto sólo puede explicarse, o al menos se explica muy fácil mente, teniendo presente una tradición que arrancara del fundador y persevérase dentro de la Orden.
A base de estos elementos comienza la devoción del rosario a extenderse en el siglo xv por obra principalmente de dos in signes dominicos: Alano de Rupe, forma latinizante de su apellido de la Roche, y Santiago Sprenger. El primero prefería la fórmula "salterio de la Virgen" más que la de rosario, que le parecía un tanto paganizante, y trabajó no poco en los Países Bajos por extenderlo. Sprenger no sólo consiguió difundir gran demente el rosario por Alemania y los países del centro de Europa, sino que escribió un folleto de propaganda y consiguió la primera aprobación por parte de la autoridad apostólica, otorgada por el Papa Sixto IV el 10 de marzo de 1476. Ni fue ésta sola la aprobación que obtuvo, sino que antes de morir logró nuevos documentos pontificios y la confirmación de todo lo actuado por parte del maestro general de la Orden. Por eso, aunque algunas veces no se valore suficientemente su influencia en la difusión del rosario, es necesario tenerle por uno de los más destacados artífices de la difusión de la misma.
Ya desde entonces puede decirse que la marcha del rosario por todo el mundo es verdaderamente triunfal. Pronto salta de los países de la Europa central a los países latinos, y las concesiones papales se encuentran ya en abundancia. En España mismo vemos cómo el cardenal Gil de Viterbo, legado para España y Portugal, después de definir el rosario en su forma actual, con cede gracias en 1519 a la cofradía que se había fundado en Tu dela. En Vitoria, en el convento de Santo Domingo, había una capilla y altar bajo la advocación del rosario, a la que Adriano VI concede amplias indulgencias el 1 de abril de 1523, confirma das luego por Clemente VII y dos veces por Paulo III. Algo parecido se encuentra ya por todas partes, no sólo en Europa, sino también en América, a la que la devoción del rosario es llevada por los dominicos. Ni se piense sólo en el rosario como una devoción exclusivamente dominicana: San Ignacio de Loyola, por ejemplo, y los primeros jesuitas fueron extraordinariamente afectos a ella.
Los papas continuaron alabando esta devoción y cargándola de indulgencias. Pero quien verdaderamente aparece como eminente en la historia del rosario es San Pío V. Tras algunos actos de carácter más bien particular, el día 17 de septiembre de 1569 daba la solemne bula Consueverunt Romani Pontífices, en la que no sólo definía ya con precisión el rosario, sino que además resumía y ampliaba todos los privilegios e indulgencias unidos a esta devoción. Continúa durante todo su pontificado trabajando por la difusión del rosario. Y el 5 de marzo de 1572 da la bula Salvatoris Domini, en la que, recordando la victoria obtenida en
Lepanto el 7 de octubre, permite a la Cofradía del Rosario de Martorell (Barcelona) que ese día celebren todos los años una fiesta bajo la advocación de la Virgen del Rosario, según lo había pedido don Luis de Requeséns, señor de Martorell, que había estado presente en Lepanto. No parece que pueda decirse que fue San Pío V el que insertó en las letanías la invocación «Auxilium christianorum ", sino que tal invocación debió de tener origen en sus tiempos en Loreto mismo, por donde pasaron no pocos de los que habían participado en la batalla de Lepanto.
Su sucesor Gregorio XIII, el 1 de abril de 1533, extiende la fiesta del Rosario a todas las iglesias y capillas en que estuviera erigida la cofradía. Clemente XI, en 1716, extendió la solemnidad a la Iglesia universal, unida al primer domingo de octubre. Sólo en 1913, como consecuencia de la reforma litúrgica que quiso descargar de fiestas los domingos, quedó fijada en el calendario de la Iglesia universal esta fiesta en el 7 de octubre, conservando la Orden dominicana el privilegio de celebrar la fiesta el mismo primer domingo de octubre.
Todos estos datos cronológicos y eruditos no son al fin y al cabo más que una manifestación del unánime sentir del pueblo cristiano, que ama extraordinariamente esta devoción. Con el certero instinto que le caracteriza, adivina lo grata que es a la Santísima Virgen. Por eso en cuantas circunstancias, agradables o tristes, se presentan en la vida del cristiano, espontáneamente sube a sus labios esta hermosa oración. Ya se encuentre velando un cadáver, ya se acerque en peregrinación a un santuario famoso, ya trate de ofrecer algo por el éxito de unos exámenes o la resolución de un asunto difícil... en cualquier circunstancia el cristiano recurre al rosario, seguro de hallar en él un obsequio verdaderamente grato a la Santísima Virgen.
Y que tal sentir no es erróneo nos lo demuestra claramente la actitud de la Iglesia. Puede decirse que no hay devoción que de manera tan continuada haya sido recomendada e inculcada por los Romanos Pontífices. Es más, hay un hecho bien significativo: la devoción al rosario es para los papas un refugio providencial en las circunstancias difíciles que se presentan a la Iglesia. Ya se trate, como en tiempos de San Pío V, del peligro turco, ya se trate de los espinosos problemas que plantea la fermentación intelectual del siglo XIX, como en tiempos de León XIII, hacia esta devoción se vuelven los ojos de los papas.
¿En qué está el secreto de la eficacia? Precisamente los mismos papas nos lo dicen: en tratarse de una devoción que, siendo sencilla, está, sin embargo, llena de contenido. Sencilla, porque hartos estamos de ver cómo la más humilde mujercita sabe rezar su rosario. Llena de contenido, puesto que sistemáticamente nos obliga a recorrer los principales misterios de la vida de Jesucristo y de su santísima Madre.
Buena prueba de ello la tuvieron los misioneros que en 1865 descubrieron, viva aún, la fe de no pocos japoneses que ocultamente habían continuado, aislados del resto del mundo, siendo cristianos. La fiesta de Nuestra Señora del Japón, que se celebra allí el 17 de marzo, recuerda precisamente ese descubrimiento. Pues bien, una de las armas que habían servido para mantener viva la fe, había sido el rosario, recitado por aquellos que sobre vivieron a las persecuciones y por sus descendientes, que de ellos lo habían aprendido.
Trabajar, por consiguiente, en el conocimiento y en la difusión del Santísimo Rosario es hacer obra muy grata a Dios Nuestro Señor y contribuir al arraigo y difusión de nuestra santa fe. La aparición de la Santísima Virgen en Lourdes y Fátima, así nos lo confirman. Como nos confirma también la admirable adaptación de esta forma de devoción a los tiempos modernos: la asombrosa acogida que ha tenido la cruzada del rosario en fami lia, nacida en los Estados Unidos y difundida por todo el mundo.


Introito. -Regocijémonos todos en el Señor, al celebrar esta fiesta en honor de la bienaventurada Virgen María; de cuya solemnidad se alegran los Ángeles, y alaban juntos al Hijo de Dios. -(Ps. 44). Brota de mi corazón una buena palabra: al Rey consagro yo mi canción. V. Gloria al Padre.



ORACIÓN


¡Oh Dios! cuyo unigénito Hijo con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó los premios de la salvación eterna: os suplicamos nos concedáis que, meditando estos misterios con el sacratísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos lo que contienen, y alcancemos lo que prometen. Por el mismo nuestro Señor Jesucristo. Amén.

martes, 6 de octubre de 2009

La Presencia Real: un don sagrado

En el IV Concilio de Letrán, en 1215, la Iglesia definió formalmente que "por divino poder, el pan y el vino son transubstanciados en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo".

La fe en la Presencia Real de Nuestro Señor en la Eucaristía es una marca de la Iglesia Católica. De modo claro y conciso, el obispo de Paterson (EE.UU.) Mons. Arthur Joseph Serratelli presenta una sinopsis histórica de esta verdad de fe.



Una de las divisiones más grandes entre católicos y protestantes tiene como motivo principal la Eucaristía. ¿Cómo entender lo que realizó Jesús en la Última Cena?¿Cuál fue su intención?¿Obsequió a su Iglesia con un simple memorial de su Pasión y Muerte, dándole el pan y el vino como símbolos del Misterio Pascual?¿Dio realmente su Cuerpo y Sangre a los discípulos reunidos en torno a la mesa del cenáculo?¿Da hoy su Cuerpo y Sangre a los fieles reunidos en torno al altar?

Desde tiempos apostólicos, todos los seguidores de Cristo creyeron en la Presencia Real, lo cual siguió así hasta el nacimiento del protestantismo en el siglo XVI.


La fe en la Presencia Real a lo largo de la historia de la Iglesia


Sin embargo, antes de la época de Lutero hubo ya algunas pocas voces disidentes que negaron la fe de la Iglesia en la Presencia Real. San Ignacio de Antioquía (110 d.C.) cuenta que los gnósticos se rehusaron desde un comienzo a creer en la Presencia Real. "Se abstienen -dice él- de la Eucaristía y de la oración porque no profesan la doctrina de que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, carne que padeció por nuestros pecados y que el Padre, en su bondad, resucitó"(Carta a los fieles de Esmirna 6, 2-7, 1). Tenían al menos la honestidad de no acercarse a la Eucaristía, porque no aceptaban lo que enseñaba la Iglesia.

Cuando los antiguos Padres de la Iglesia analizaban lo escrito en 1Cor 10, 16-17; Jn 6, 32-71, así como los relatos de la Última Cena (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-23; Lc 22, 19-20; y 1 Cor 11, 23-25), interpretaban estos pasajes literalmente. J. Kelly, renombrado historiador protestante de la Iglesia primitiva, resume la enseñanza de los Padres acerca de la Presencia Real cuando escribe: "Su doctrina eucarística -y es preciso entenderlo desde un comienzo- era en general incuestionablemente realista, esto es, el pan y el vino consagrados eran tomados, tratados y designados como el Cuerpo y la Sangre del Salvador". (Early Christian Doctrines, 440).

El primer cristiano de alguna importancia en negar la Presencia Real fue Berengario de Tours. ¡Y vivió en el siglo XI! Este joven sacerdote tenía a su cargo una escuela de Teología en Tours, la que frecuentaban muchos estudiantes ilustres que más tarde llegarían a ser obispos y arzobispos. Berengario negaba la creencia de que Jesús está real y verdaderamente presente en la Eucaristía bajo las apariencias del pan y del vino.

Llamaba a esta creencia "opinión de la ralea", y enseñaba que la Eucaristía es sencillamente un símbolo de la prsencia de Cristo entre nosotros.

La doctrina de Berengario terminó sirviendo de ayuda a la Iglesia. Como respuesta a la negación de un elemento esencial del depósito de la fe, la Iglesia empezó a predicar más ampliamente sobre la Presencia Real. Es interesante observar que, en el curso del debate de su doctrina entre teólogos y obispos, Berengario se retractó por lo menos cinco veces de sus opiniones. Finalmente en 1215, en el IV Concilio de Letrán, la Iglesia definió que "por divino poder, el pan y el vino son transubstanciados en el Cuerpo y la Sangre" (Canon). La doctrina de la Presencia Real es muy sencilla, si bien profunda: la Eucaristía es el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo bajo las apariencias del pan y del vino.


Bajo apariencia de pan y vino


Bajo las apariencias de pan y vino.

Esto significa que no es pan, ni vino; es el Cuerpo y Sangre de Cristo.

Qué mal servicio se hace a la fe de la Iglesia cuando alguno, en el momento de la Comunión, dice que el pan será distribuido de tal o cual manera o repartido de cierto modo. ¿Por qué no llamar a la Sagrada Comunión por lo que es: el Cuerpo de Cristo?

En el cuarto Evangelio es notable la ausencia del relato de la institución de la Eucaristía en la Última Cena; pero Juan es profundamente eucarístico en su Evangelio. El día posterior al milagro de la multiplicación de los panes y los peces en la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús declara abiertamente que ha venido a darnos su carne y su sangre como verdadera comida y verdadera bebida (Juan 6, 26-58). Doctrina que para muchos era extraña y difícil de admitir. Muchos de sus seguidores hasta entonces reclamaron: "Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?" (Juan 6, 60). Algunos de sus discípulos dejaron de seguirlo a causa de esta enseñanza sobre la Eucaristía. Jesús los dejó marcharse. "Entonces como ahora, la Eucaristía permanece como 'signo de contradicción' y no puede dejar de serlo, porque un Dios que se hace carne y se sacrifica a sí mismo por la vida del mundo pone en aprietos a la sabiduría de los hombres" (Benedicto XVI, Homilía en San Juan de Letrán, 7/6/2007). El verdadero seguimiento de Jesús incluye la aceptación del sagrado don de la Eucaristía. Y una auténtica fe en la Eucaristía como Presencia Real nos abre el camino para entender todas las dimensiones de este misterio y el carácter sagrado de toda nuestra vida.