sábado, 19 de septiembre de 2009

La llamada Misa de San Pío V


Un hecho que, sin duda, no ha dejado de sorprendernos, es el que en ningún momento en este asunto se ha hablado de la misa, que es, sin embargo, el corazón del conflicto. Ese silencio forzado constituye la confesión de que el rito llamado de San Pío V permanece en efecto autorizado.


En esta materia, los católicos pueden estar completamente tranquilos; esta misa no está prohibida y no puedeserlo. San Pío V, repetimos, no la ha inventado, sino que ha "reestablecido el misal conforme a la regla antigua y a los ritos de los Santos Padres" dándonos todas las garantías en la bula Quo Primum, firmada por él, el 14 de julio de 1570. "Nos hemos decidido y declaramos que los superiores, Canónigos, Capellanes y otros sacerdotes de cualquier nombre con los que sean designados, o los Religiosos, de cualquier Orden, no pueden ser obligados de celebrar la misa de otra manera diferente a como Nos hemos fijado; y que jamás, en ningún tiempo, nadie, quien quiera que sea, podrá contrariarles o forzarles a abandonar este misal, ni abrogar la presente instrucción, ni a modificarla, sino que ella estará siempre en vigor y válida con toda su fuerza... Si, no obstante, alguien se permitiese una tal alteración, sepa que incurriría en la indignación de Dios todopoderoso y de sus bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo".


En el supuesto de que el papa pudiera retractar este indulto perpetuo, precisaría que lo hiciese por un acto de la misma solemnidad. La Constitución apostólica Missale Romanum del 3 de abril de 1969 autoriza la Misa llamada de Pablo VI, pero no contiene ninguna prohibición, expresamente formulada de la misa tridentina. A tal punto que el cardenal Ottaviani podía decir en 1971: "El rito tridentino de la misa no está, que yo sepa, abolido". Monseñor Adam quien pretendía, en la asamblea plenaria de los obispos suizos, que la Constitución Missale Romanum había prohibido celebrar, salvo indulto, según el rito de San Pío V, ha debido retractarse después de habérsele pedido que dijese en qué términos esta prohibición había sido pronunciada.


Se colige de ello que si un sacerdote fuera censurado e incluso excomulgado bajo este concepto, dicha condenación sería absolutamente inválida. San Pío V ha canonizado esta Misa; ahora bien, un papa no puede eliminar una canonización como tampoco puede cancelar la de un santo. Podemos decirla con absoluta tranquilidad y los fieles asistir a ella sin el mejor escrúpulo, sabiendo sobre todo que es la mejor manera de alimentar su fe.


Esto es tan cierto que, su Santidad Juan Pablo II después de muchos años de silencio sobre el asunto de la misa, ha terminado por aflojar la presión impuesta a los católicos. La carta de la Congregación para el Culto divino fechada el 3 de octubre de 1984, "autoriza" de nuevo el rito de San Pío V para los fieles que lo pidan. Es cierto que en ella se imponen ciertas condiciones que no podemos aceptar y, por otra parte, no teníamos ninguna necesidad de este indulto para gozar de un derecho que nos ha sido otorgado hasta el fin de los tiempos.


Pero este primer gesto -roquemos para que haya otros- levanta la sospecha indebidamente fundada sobre la misa y libera las conciencias de los católicos.


Vayamos ahora a la suspensión a divinis que fue lanzada a Mons. Lefebvre el 22 de julio de 1976. Ella fue consecutiva a las ordenaciones del 29 de junio, en Ecône; hacía 3 meses que les llegaban de Roma reprobaciones, súplicas, órdenes, amenazas, para decirles que cesaran su actividad tradicional; que no procediéran a estas ordenaciones sacerdotales. Durante los días que las precedieron, no dejaron de recibir mensajes y enviados: ¿Qué es lo que les decían? En seis ocasiones les pidieron reestablecer relaciones normales con la Santa Sede, aceptando el nuevo rito y celebrarlo. Llegaron hasta ha enviarle un monseñor que se ofrecía a concelebrar conmigo. Le pusieron en la mano un nuevo misal y prometiéndole que si celebraba con él, el 29 de junio delante de toda la asamblea que venía a orar por los nuevos sacerdotes, todo sería en lo sucesivo, allanado entre Roma y Mons. Lefebvre.


Lo que significa que no le prohibieron hacer estas ordenaciones, sino que querían que fuesen según la nueva litúrgia. Quedaba claro, a partir de aquel momento, que es por el problema de la misa que se desarrollaba todo el drama entre Roma y Ecône y que se sigue desarrollando.


En el sermón de la misa de ordenación dijo: "Mañana, quizás, en los periódicos aparecerá nuestra condenación, es muy posible que por causa de esta ordenación de hoy sea víctima de una suspensión. Problablemente estos jóvenes sacerdotes serán víctimas de una irregularidad que en un principio debería impedirles decir la santa misa. Es posible. Pues bien, yo me apelo a San Pío V".


Algunos católicos, pueden estar perturbados por este rechazo a esta suspensión a divinis. Pero lo que está claro es que todo ello forma una cadena: ¿por qué se le ha prohibido hacer estas ordenaciones? Porque la fraternidad estaba suprimida y el seminario debía cerrarse. Pero precisamente él no había aceptado esta suspensión, esta clausura, porque estas decisiones se habían hecho ilegalmente, porque las medidas tomadas estaban contaminadas de diversos vicios canónicos tanto en la forma como en el fondo. (Particularmente en eso que los autores de derecho administrativo llaman "desviación de poderes" es decir el uso de competencias en contra del objeto en el que ellas se deben ejercer). Habría sido preciso que mons. Lefebvre aceptase todo desde el principio, pero no lo ha hecho porque fueron condenados sin juicio alguno, sin poderse defender, sin monición, sin escrito y sin apelación. Una vez que se rechaza la primera sentencia, no hay razón para no rechazar las otras, ya que las otras se apoyan siempre sobre aquella. La nulidad de la una trae consigo la nulidad de la siguiente.

Otra pregunta que, de vez en cuando, se formulan los fieles y los sacerdotes es: ¿se puede tener razón contra todo el mundo? En una conferencia de prensa, el enviado del periódico "Le Monde" le decían: "Pero vamos, Vd. está solo. Solo contra el papa, solo contra todos los obispos. ¿Qué significa su lucha?". Pues no, no estoy solo. Tengo a toda la tradición conmigo, la Iglesia existe en el tiempo y en el espacio. Además, yo sé que muchos obispos piensan como nosotros en su fuero interno. Ahora, después de la carta abierta al papa que Mons. Castro Mayer ha firmado junto conmigo, somos dos. Los que nos declaramos abiertamente contra la protestantización de la Iglesia tenemos muchos sacerdotes con nosotros y también están nuestros seminarios, que proveen ahora alrededor de 40 nuevos sacerdotes cada año, nuestros 250 seminaristas, nuestros 30 hermanos, nuestras 60 religiosas, nuestras 30 oblatas, los monasterios y los carmelos que se abren y desarrollan, la multitud de fieles que vienen con nosotros.

La Verdad, por otra parte, no se constituye por el número, el número no hace a la verdad. Así mismo si yo estuviera solo, aun si todos mis seminaristas me abandonasen, aun si toda la opinión pública me abandonase, esto me sería indiferente en lo que me concierne. Estoy apegado a mi Credo, a mi catecismo, a la Tradición que ha santificado a todos los elegidos que están en el Cielo, quiero salvar mi alma. A la opinión pública se la conoce muy bien, es ella la que condenó a Nuestro Señor algunos días después de haberlo aclamado. Es el Domingo de Ramos y en seguida el Viernes Santo. Su Santidad Pablo VI me preguntó: "¿En fin, acaso no siente en su interior algo que le reprocha aquello que está haciendo? Vd. causa un gran escándalo en la Iglesia. ¿No se lo dice su conciencia?". Contestó: "No, Santísimo Padre, en nada". Si hueviera algo que me lo reprochara, cesaría de hacerlo inmediatamente.

El Papa Juan Pablo II, ni ha confirmado, ni ha invalidado la sanción pronunciada en contra de Mons. Lefebvre. En la audiencia que le concedió en noviembre de 1979, parecía estar bastante dispuesto, después de una prolongada conversación, a dejar la libertad de elección en lo que la litúrgia se refiere, a dejarme obrar, ante todo, aquello que he pedido desde el principio: entre todas las cosas que se experimentan en la Iglesia, dejarnos hacer "la experiencia de la Tradición". El momento quizá había llegado en que las cosas iban a arreglarse: basta de ostracismo, no más problemas. Sin embargo, el cardenal Seper que estaba presente, vio el peligro y exclamó: "¡ Pero, Santísimo Padre, ellos han hecho de esta misa una bandera!". La pesada cortina que se había levantado un momento volvió a caer.


Conclusión

Todos estos problemas y perplejidades que hubo en los pocos años de poner la maquinaria del concilio 2 en marcha se han visto hoy día curados por el Motu Proprio de Su Santidad Benedicto XVI que da la opción a los católicos de seguir usando un misal nuevo, vacío de simbología, lleno de protestantismo en el que se coloca como protagonista al sacerdote, el crucifijo no preside la celebración o está en otro sitio, y el sagrario está a un lado quitandole importancia a la presencia real de Cristo, ¡ojo a quien y para donde hay que hacer la genuflexión! O un misal codificado por San Pío V en 1570 y reeditado por el Beato Juan XXIII en 1962, lleno de simbología, tradición católica y protegido por muchos Sumos Pontífices a lo largo de los siglos, el crucifijo siempre preside la celebración en el centro del altar al que el sacerdote y los fieles nos orientamos y nos hace recordar que la misa es el mismo sacrificio del Calvario, el sagrario que contiene la presencia Real de Cristo tiene su lugar de honor centrado en el altar y al que se orienta tanto el sacerdote como los fieles, sabiendo que las genuflexiones son siempre al sagrario que está en el altar mayor de los templos católicos...Y el sagrario que se hizo por amor a Cristo y su divina presencia, está en su lugar de honor, todos se orientan hacia él, todos le adoramos, y lo amamos, lo tenemos en el altar donde cuando el sacerdote celebra la Santa Misa se orienta hacia él junto con los fieles y cuando llega el momento de la comunión lo recibimos de rodillas como símbolo de amor, adoración, reverencia y devoción hacia Nuestro Señor presente en todos los sagrarios de la tierra...Laudetur Iesus Christus!!!

Sí al Motu Proprio «Summorum Pontificum»

«Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande». Benedicto XVI.
Queremos que un sacerdote de Cristo del Opus Dei o de la diócesis celebre la Misa de cara a Dios y no le de la espalda al sagrario o a los antiguos altares con reliquias de mártires y ara de piedra pura y no se ponga él como protagonista, sino que el sagrario tenga el sitio de honor de siempre en los templos y que el crucifijo presida la celebración y no el sacerdote, porque la Misa es el vivo, puro y santo sacrificio del Calvario y no una simple cena memorial como lo hacen los protestantes y en la que he observado que la mayoría de los sacerdotes pronuncian de la misma manera la parte principal del Canon que comienza por: “La víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos” sin hacer la pausa que señala la rúbrica del Missale Romanum: “teniendo la hostia con los dedos índice y pulgar de las dos manos, pronuncia sobre la hostia las palabras de la consagración, en voz baja pero distintiva y atentamente”. El tono cambia, se hace íntimo; las cinco palabras “Hoc est enim Corpus meum” operan el milagro de la Transustanciación. El nuevo misal invita al celebrante a guardar el tono narrativo como si se tratara, efectivamente, de recordar el hecho de la última Cena, y no como una fórmula consagratoria sino como una recitación que el sacerdote pronuncia para recordar el momento en la que Cristo lo pronunció en la última Cena; arrancando todo el misterio, la solemnidad, la belleza, la tradición que se produce cuando se recita en voz baja en lo secreto donde Dios está y en la paz del silencio para consagrar el pan y el vino en el Santo y puro Cuerpo del Señor y en su preciosísima Sangre, de este modo como en oriente se cierran las cortinillas de los iconostasios, en occidente se guarda silencio, admiración y devoción al momento culmen del sacrificio de Cristo, por acción divina del Espíritu Santo, pone de manifiesto la sacralidad del momento y subraya la diferencia esencial entre sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial. Por último decir que nos da pena como los sagrarios se apartan, se ponen a un lado del altar o como ya no se ve el crucifijo en el altar como siempre, como no se recibe al Señor de rodillas como muestra de respeto, adoración, devoción y amor... Que Nuestra Madre del Cielo la Santísima Virgen María nos ayude a llevar a cabo la reforma de la reforma del Concilio Vaticano II, pese a que ni la fe ni la Iglesia comenzaron en dicho concilio hace 40 años...Dios os bendiga y me haga sacerdote si es su voluntad. "Laudetur Iesus Christus".

viernes, 18 de septiembre de 2009

Dichos de San Juan María Vianney (IV)

“El corazón de Dios es un océano de misericordia. ¡Es tan fácil salvarse!”.
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“Si supiésemos cuánto nos ama el Señor, moriríamos de gozo”.
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“Amar a Dios y sabernos amados por El, es la única felicidad verdadera que tenemos en esta tierra”.
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“Es hermoso tener un Padre en el cielo. Somos los hijos de Dios”.
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“Vale más una hora de paciencia que muchos días de ayuno”.
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“Los amigos de Dios hacen lo que no están obligados a hacer”.
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“El sacerdote no será bien comprendido más que en el cielo. Si se lo entendiese en la tierra, uno no se moriría de espanto, pero sí de amor”.
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“¡El sacerdote tiene que estar siempre envuelto por el Espíritu Santo como lo está en su vestimenta!”.
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“Es tremendo ser sacerdote. Confesión, sacramentos: son una pesada responsabilidad. Si se supiese lo que es ser sacerdote, ¡se huiría al desierto, como lo hicieron los santos para no serlo! Pero gracias al Espíritu Santo podemos hacer cosas inimaginables para la gloria de Dios”.
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“Un verdadero cristiano nunca se queja de nada”.
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“Cosa extraña: he encontrado a muchos que se arrepintieron de no haber amado a Dios, pero no he encontrado jamás a uno solo que estuviese triste y arrepentido de amarlo”.
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“El tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro”.
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“Hermanos míos, es una gran miseria, una profunda humillación para nosotros, el haber sido concebidos en pecado original, ya que por él vinimos al mundo como hijos de maldición; es, indudablemente, otra muy gran miseria vivir en pecado. Mas el colmo de todas las desdichas es morir en él”.
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Fuente: El Cura de Ars, Sufrir amando no es sufrir.

jueves, 17 de septiembre de 2009

El Santo Rosario


Ejemplos de gracias concedidas a los apóstoles y devotos del Rosario


"Santo Domingo en nada puso durante su vida tanto entusiasmo como en alabar a la Santísima Virgen, predicar sus grandezas y animar a todo el mundo a honrarla por medio del Rosario. La poderosa reina del Cielo, a su vez, no cesó de derramar sobre Santo Domingo bendiciones a manos llenas; coronó sus trabajos con mil prodigios y milagros, nada pidió éste a Dios que no obtuviera por intercesión de la Santísima Virgen, y -para colmo de favores- Ella le sacó victorioso de la herejía de los albigenses y lo hizo padre y patriarca de una gran orden religiosa, llamada Dominicos.


¿Qué decir del Beato Alano de la Roche, restaurador de dicha devoción?


Varias veces la Santísima Virgen le honró con su visita, a fin de instruirlo acerca de los medios para salvarse, de ser un buen sacerdote, perfecto religioso e imitador de Jesucristo. Le enseñó el método de rezar el Rosario, sus excelencias y sus frutos. (...)

Después de atraer para la cofradía del Rosario más de 100.000 almas, murió el Beato Alano de la Roche en Zunolle, Flandes, el 8 de septiembre de 1475.

La Santísima Virgen no favorece sólo a los predicadores del Rosario. Recompensa igualmente a aquellos que, por su ejemplo, atraen a otros a esta devoción.

A Alfonso IX, rey de León y Galicia, que deseaba que todos sus criados honrasen a la Santísima Virgen con el Santo Rosario, se le ocurrió, para animarlos con su ejemplo, llevar ostensiblemente un gran rosario, aunque sin rezarlo, lo que inducía a todos los cortesanos a recitarlo devotamente.

El rey cayó gravemente enfermo, y cuando lo creían muerto, fue transportado en espíritu al tribunal de Jesucristo. Vio allí a los demonios que le acusaban de todos los crímenes que había cometido y cuando iba a ser condenado a las penas eternas, se presentó a su favor la Santísima Virgen delante de su Divino Hijo; se trajo entonces una balanza, se colocaron todos los pecados del rey en uno de los platos y en el otro Nuestra Señora colocó el gran rosario que Alfonso había elevado en su honor, junto con aquellos que, gracias a su ejemplo, habían rezado otras personas, y esto pesó más que todos sus pecados. Enseguida, mirando al rey con compasión, la Santísima Virgen le dijo: 'He obtenido de mi Hijo, en recompensa por el pequeño servicio que me hiciste llevando contigo el rosario, la prolongación de tu vida por algunos años. Empléalos bien y haz penitencia'.

Volviendo de su éxtasis, el rey exclamó: '¡Bendito el Rosario de la Santísima Virgen, por el cual fui liberado de la condenación eterna!'

Después de recuperar la salud, Alfonso pasó el resto de su vida en la devoción al Santo Rosario, recitándolo todos los días.

Que los devotos de María traten de ganar cuantas almas puedan para esta práctica del Rosario, a ejemplo de estos santos y este rey. Habrán asegurado así la vida eterna".


Beneficios del Rosario


Para animarnos aún más a esta devoción de las almas grandes, San Luis Grignion añade que el Rosario, rezado con la meditación de los Misterios:


1) Nos eleva sin darnos cuenta al perfecto conocimiento de Jesucristo.

2) Purifica nuestras almas del pecado.

3) Nos permite vencer a los enemigos de nuestra alma.

4) Nos facilita la práctica de las virtudes.

5) Nos abrasa de amor por Jesucristo.

6) Nos enriquece de gracias y de méritos.

7) Nos proporciona con qué pagar todas las deudas que tenemos con Dios y con los hombres.

8) Por último, nos obtiene de Dios toda especie de gracias.


Pero asegura, junto con el Beato Alano de la Roche, que el Rosario es un manantial y depósito de toda especie de bienes: "Los pecadores obtienen el perdón; las almas sedientas se sacian; los que lloran, encuentran la alegría; los que son tentados, la tranquilidad; los pobres, socorridos; los religiosos, enfervorizados; los ignorantes, instruidos; los vivos vencen la vanidad, y las almas del purgatorio encuentran su alivio".

miércoles, 16 de septiembre de 2009

El Rosario enaltecido y aconsejado por los Sumos Pontífices





Beato Pío IX: "Así como Santo Domingo se valió del Rosario como de una espada para destruir la nefasta herejía de los albigenses, así también hoy los fieles diestros en el uso de este arma -que es el rezo cotidiano del Rosario- conseguirán fácilmente destruir los monstruosos errores e impiedades que por todas partes se levantan" (Encíclica Egregiis de 3 de diciembre de 1856).

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León XIII: Escribió doce encíclicas sobre el Rosario, destacamos el siguiente trecho: "¡Es nuestro ardiente deseo que esta devoción retome por todas partes su antiguo puesto de honor! En la ciudad y en los pueblos, en las familias y en los lugares de trabajo, junto a las élites y entre los humildes, sea el Rosario amado y venerado como insigne divisa de la fe cristiana y el auxilio más eficaz para obtener la misericordia divina" (Encíclica Iucunda semper, 8 de septiembre de 1894).

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San Pío X: "El Rosario es la más bella y preciosa de todas las oraciones a la Medianera de todas las gracias: es la oración que más conmueve el corazón de la Madre de Dios. Rezadlo todos los días".

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Benedicto XV: "No obstante, Aquella a quien la Iglesia tiene la costumbre de saludar como 'Madre de la Gracia y Madre de la Misericordia', se ha revelado siempre como tal, sobre todo cuando se ha recurrido al Santo Rosario y, por ello, los Romanos pontífices no dejaron pasar ninguna ocasión de exaltar con grandísimos elogios el Rosario de la Santísima Virgen y de enriquecerlo con los tesoros de la Indulgencia Apostólica" (Encíclica Fausto Appetente, 29 de junio de 1921).

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Pío XI: "El Rosario es un arma potentísima para poner en fuga a los demonios (...). El Rosario mariano, además, no sólo sirve especialmente para debelar a los enemigos de Dios y de la Religión, sino que también aviva las virtudes cristianas, las fomenta y pacifica los ánimos" (Encíclica Ingravescentibus males, 29 de septiembre de 1937).

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Pío XII: "En vano, se busca llevar remedio a la situación decadente de la vida civil, si la sociedad doméstica, principio y fundamento del consorcio humano, no es diligentemente reconducida a las normas del Evangelio. Para realizar un deber tan arduo, Nos afirmamos que la recitación del Santo Rosario en familia es el medio más eficaz (...). No dudamos, pues, en afirmar de nuevo públicamente que es grande la esperanza colocada por Nos en el Rosario de Nuestra Señora, para sanar los males que afligen nuestros tiempos" (Encíclica Ingruentium malorum, 15 de septiembre de 1951).

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Beato Juan XXIII: "El Rosario, como ejercicio de devoción cristiana entre los fieles del rito latino (...) toma su lugar, para los eclesiásticos, después de la Santa Misa y el Breviario, y, para los seglares, después de la participación en los Sacramentos" (Carta Apostólica Il religioso convegno, 29 de septiembre de 1961).

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Pablo VI: "No dejéis de inculcar con todo cuidado la práctica del Santo Rosario, la oración tan querida por la Virgen Madre de Dios y tan recomendada por los Romanos Pontífices, por medio de la cual los fieles están en condiciones de poner en práctica, de la manera más suave y eficaz, el mandato del Divino Maestro: Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá" (Mt 7, 7) (Encíclica Mense maio, 29 de abril de 1965).

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Juan Pablo II: "El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. (...) Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo. (...) Hoy estamos ante nuevos desafíos. ¿Por qué no volver a tomar en la mano las cuentas del Rosario con la fe de quienes nos han precedido?

El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador (Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, 16 de octubre de 2002).

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Benedicto XVI: "Singular oración contemplativa con la que, guiados por la Madre celestial del Señor, fijamos nuestra mirada en el rostro del Redentor, para ser configurados con su misterio de alegría, de luz, de dolor y de gloria. Esta antigua oración está experimentando un nuevo florecimiento providencial, también gracias al ejemplo y a la enseñanza del amado Papa Juan Pablo II. Os invito a releer su carta apostólica 'Rosarium Virginis Mariae' y poner en práctica sus indicaciones en el ámbito personal, familiar y comunitario.
"El Rosario es una oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la plegaria del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, siguiendo a Jesús, precedido por María" (Ángelus, plaza de San Pedro, 2 de octubre de 2005).





El Papa invitó a todos a rezar este mes el Rosario "en familia, en las comunidades y en las parroquias por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz en el mundo".












martes, 15 de septiembre de 2009

Los Siete Dolores de la Santísima Virgen María


Era menester que el Cristo padeciese y así entrase en la gloria. (Lucas, 24, 26).



Esta fiesta la celebraban con gran devoción los Servitas ya en el siglo XVII y fue extendida por el Papa Pío VII en 1817 a toda la Iglesia, en memoria de los sufrimientos infligidos a la Iglesia y a su jefe visible por Napoleón I, y en acción de gracias a la Madre de Dios, cuya intercesión les había dado fin. El Evangelio de la misa nos recuerda el momento más doloroso de la vida de María, así como su inquebrantable firmeza: junto a la cruz de Jesús está de pie María, su Madre.






MEDITACIÓN - LA VISTA DE LA CRUZ ES EL CONSUELO DEL CRISTIANO






I. Nada hay más consolador para un cristiano que poner sus ojos en la cruz; ella es quien le enseña a sufrir todo, a ejemplo de Jesucristo. Esta cruz anima su fe, fortifica su esperanza y abrasa su corazón de amor divino. Los sufrimientos, las calumnias, la pobreza, las humillaciones parecen agradables a quien contempla a Jesucristo en la cruz. La vista de la serpiente de bronce sanaba a los israelitas en el desierto, y la vista de vuestra cruz, oh mi divino Maestro, calma nuestros dolores. No pienses en tus aflicciones ni en lo que sufres, sino en lo que ha sufrido Jesús. (San Bernardo).

II. ¡Qué dulce debe ser para un cristiano, en el trance de la muerte, tomar entre sus manos el crucifijo y morir contemplándolo! ¡Qué gozo no tendré, entonces, si he imitado a mi Salvador crucificado, viendo que todos mis sufrimientos han pasado! ¡Qué confianza no tendré en la cruz y en la sangre que Jesucristo ha derramado por mi amor! ¡Qué dulce es morir besando la cruz! El que contempla a Jesús inmolado en la cruz, debe despreciar la muerte.
(San Cipriano).

III. Qué consuelo para los justos, cuando vean la señal de la cruz en el cielo, en el día del juicio y qué dolor, en cambio, para los impíos que habrán sido sus enemigos. Penetra los sentimientos de unos y otros. Que pesar para los malos por no haber querido, durante los breves instantes que han pasado en la tierra, llevar una cruz ligera que les hubiera procurado una gloria inmortal, y estar ahora obligados, en el infierno, a llevar una cruz agobiadora, sin esperanza de ver alguna vez el fin de sus sufrimientos.



El amor a la cruz - Orad por la conversión de los infieles.



ORACIÓN



Oh Dios, durante cuya Pasión, según la profecía de Simeón, una espada de dolor atravesó el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre, concédenos, al venerar sus dolores, que consigamos los bienaventurados efectos de vuestra Pasión. Vos que con el Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La Santa Misa y la "nueva misa"




Es difícil, para quienes sólo han conocido la "nueva misa", comprender de qué se han visto privados, y asistir a la Misa "latina" a menudo les parece demasiado lejano. Para ver diáfanamente de qué se trata, es necesario comprender con claridad las verdades definidas de nuestra Fe sobre la Misa. Sólo con esta luz puede valorarse un rito de la Misa.




¿Qué es la nueva misa?




Respondamos contemplando sus cuatro causas, como dirían los filósofos: causa intrínseca material (¿cuáles son sus elementos?), causa intrínseca formal (¿cuál es su naturaleza?), causa extrínseca final (¿cuál es su finalidad?) y causa extrínseca eficiente (¿cuál es su autor?).




a) Causa intrínseca material




¿De qué elemento consta el Novus Ordo de la Misa? Algunos son católicos: sacerdote, pan y vino, genuflexiones y signos de la Cruz, etc...Pero algunos son protestantes: una mesa, utensilios de uso común, comunión bajo las dos especies y en la mano, etc...




b) Causa intrínseca formal




El Novus Ordo Missae asume estos elementos heterogéneos formando una liturgia para una religión modernista que casaría la Iglesia con el mundo, el catolicismo con el protestantismo, la luz y las tinieblas.




En efecto, la nueva misa se presenta a sí misma como:




-Una comida, lo cual se aprecia por el uso de una mesa, alrededor de la cual se reúne el pueblo de Dios, ofreciendo pan y vino y tomando la comunión de vasijas vulgares, a menudo bajo las dos especies como los protestantes y evangelicos, y normalmente en la mano. Nótese también la casi completa desaparición de las referencias al sacrificio;




-la narración de un acontecimiento pasado, en voz alta, por parte de quien preside, que narra las palabras de Nuestro Señor como leídas en la Escritura, más que pronunciando una fórmula sacramental, y que no se arrodilla hasta haber mostrado la Sagrada Forma al pueblo;




-una asamblea, en la cual Cristo está tal vez moralmente presente, pero físicamente ignorado. El celebrante mira al pueblo desde donde debería estar el tabernáculo, que se pone a un lado. Justo después de la consagración, todos aclaman a quien se pide que venga; los vasos sagrados ya no están sobredorados; se ignoran las partículas sagradas: el sacerdote ya no une los dedos índice y pulgar, los vasos no están purificados, y con frecuencia la comunión se da en la mano; se reducen mucho las genuflexiones del sacerdote y el tiempo en que los fieles están arrodillados; los fieles asumen funciones que siempre correspondieron al sacerdote.




Más aún, la nueva misa se define a sí misma como: "la sagrada sinaxis o asamblea del pueblo de Dios reunido en común, bajo la presidencia del sacerdote, para celebrar el memorial del Señor" (Instituto Generalis, n. 7 del Misal Romano, 1969).




c) Causa extrínseca final




¿Cuál es la finalidad de esta nueva misa como rito?




"La intención de Pablo VI respecto a lo que comúnmente se denomina la Misa, era reformar la liturgia católica de modo que casi coincidiese con la liturgia protestante (...) Pablo VI tenía la intención ecuménica de quitar, o al menos corregir, o al menos suevizar en la misa, todo lo que fuera demasiado católico en el sentido tradicional, para que la misa católica, repito, estuviese más próxima a la misa calvinista".


"Cuando comencé a trabajar en esta trilogía, yo estaba preocupado por hasta qué punto se estaba protestantizando la liturgia católica. Cuanto más detallado es mi estudio sobre la Revolución, más evidente me parece que ha sobrepasado el protestantismo y que su meta final es el humanismo".




Esta última es una evolución lógica, si consideramos los cambios realizados, los resultados obtenidos y las tendencias de la moderna teología.




d) Causa extrínseca eficiente




¿Quién hizo la "Nueva Misa"?




Es la invención de una comisión litúrgica, el Consilium, cuya luz y guía fue Mons. Annibale Bugnini (premiado en 1972 con un arzobispado por sus servicios), y de la cual también formaban parte como expertos seis protestantes. Mons. Bugnini tenía sus propias ideas sobre la participación del pueblo en la liturgia, y los consejeros protestantes tenían sus propias y heréticas ideas sobre la esencia de la misa.




Pero aquel cuya autoridad impuso el Novus Ordo es Pablo VI, que la promulgó con la constitución Missale Romanum... ¿o no la promulgó? En primer lugar, la versión original de Missale Romanum, firmada por Pablo VI, no menciona la obligatoriedad del Novus Ordo Missae, ni cuándo comenzaía ésta; en segundo lugar, las traducciones de la constitución traducen mal cogere et efficere (resumir y extraer como conclusión) por "dar fuerza de ley"; y en tercer lugar, la versión del Acta Apostolicae Sedis añade un párrafo "ordenando" el nuevo misal, pero en un tiempo verbal equivocado (pretérito), diciendo "hemos ordenado (praescripsimus)", es decir, refiriéndose a una obligación pasada (no promulgada)...¡y nada más en la Missale Romanum prescribe, todo lo más permite!




Es verdad que Pablo VI quiso este misal, pero lo impuso de una forma dudosamente regular.




Juicio sobre la "Nueva Misa"




Teniendo en cuenta la Nueva Misa en sí misma, sólo con el texto oficial latino delante de sus ojos, los cardenales Ottaviani y Bacci pudieron escribirle a Pablo VI: "el Novus Ordo Missae (...) se aleja de manera impresionante, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la Santa Misa, cual fue formulada en la XXIII Sesión del Concilio de Trento".




Mons. Lefebvre concordaba plenamente con ellos cuando escribió: " la nueva misa, aunque se diga con piedad y respeto a las normas litúrgicas (...) está impregnada de espíritu protestante. Lleva en ella un veneno perjudicial para la fe católica".




El ocultamiento de elementos católicos y la complacencia con los protestantes, que son evidentes en la Nueva Misa, la convierten en un peligro para nustra fe, y en cuanto tal, mala en sí misma.




"Por sus frutos los conoceréis" (Mt. 7, 16): se nos prometió que la Nueva Misa renovaría el fervor católico, inspiraría a los jóvenes, recuperaría a los no practicantes, y atraería a los no católicos. ¿Quién puede hoy pretender que ésos sean sus frutos? Junto con la nueva misa, ¿no tuvo lugar más bien una dramática caída de la asistencia a misa y de las vocaciones, una crisis de identidad entre los sacerdotes, un declive en la proporción de conversiones y una aceleración en la de apostasías?




La validez de la "Nueva Misa"




Siendo esto así, ¿debemos decir que la nueva misa es inválida? Esto no ha sido demostrado, pero puede argüirse lo siguiente: por un lado, la nueva misa no está cualificada como rito católico; por otro, el celebrante debe querer hacer lo que hace la Iglesia; ahora bien, la nueva misa ya no garantiza por sí misma que tiene esa intención, la cual dependerá de su fe personal (generalmente desconocida para los presentes, pero más o menos dudosa a medida que avanza la crisis en la Iglesia). Por tanto, puede presumirse que estas misas son de validez dudosa, y más aún con el paso del tiempo.


Las palabras de la consagración, especialmente del vino, han sido falsificadas. ¿Se ha respetado "la sustancia de los sacramentos"? Este problema todavía es mayor en las misas celebradas en lengua vernácula, donde pro multis (por muchos) ha sido mal traducido como por todos los hombres. Algunos arguyen que éste hecho tiene tal importancia que invalida estas misas; muchos lo niegan. Pero esto acrecienta la duda.




La asistencia a la "Nueva Misa"




La nueva misa apenas puede decirse católica, y por tanto ni es obligatoria ni basta para satisfacer la obligación dominical. Debemos tratar la cuestión de la asistencia como si se tratase de una liturgia no católica (con la importante excepción de que el Novus Ordo no ha sido declarado no católico por la autoridad competente, lo cual significa que muchos que asisten a él no son conscientes de su nocividad y están exentos de culpa). Un católico no puede asistir a él, salvo con una mera presencia física, sin tomar parte en él positivamente, y sólo por razones familiares de fueza mayor, como bodas, funerales, etc...
«Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande». Benedicto XVI.